Trópico, de Juan Malebrán
Adelanto

Desde el trópico hiperfértil, Juan Malebrán escribe estos poemas, a la par de la obscenidad sin concesiones de la selva. La articulación de tanta diversidad pone en duda al ser humano, a su lenguaje,  a su capacidad para crear y destruir. Y los pequeños gestos de la humanidad en la selva se refuerzan, como extrañas formas de la humildad.

A continuación, cinco poemas de «Trópico», próximo a publicarse por Editorial Aparte.

 

los hombres en la cubierta lo tienen claro; saben,
perfectamente, que algunos animales sobreviven tan
solo por obra y gracia del arrastre

O por la distancia que media entre uno y
los pilotes en el muelle
caudal arriba
una suerte compartida
con el resto de tripulantes

limo cartílago yacaré

el oleaje del diésel
apilado en los bidones

o por aquello que el ojo nombra
con tal de mantenerse a flote
sobre cuatro tablas
a través de lo silvestre

como si fuese un reto mirar y
no imaginar que se mira
a la presa resistiendo el embiste

aunque los hombres en la cubierta
lo tengan claro y
no haya nada que ver en la mirada

salvo escama espina destripe

la pupila que nos observa
sedienta desde la ribera

el señuelo que se hunde viscoso entre el junco

o por abandonar la ciudad
sin negociar nada a cambio

salvo la pausa del día
y el temperamento del surubí

ligero como un coloso
surcando la deriva por su cuenta

 

ceguera la del guácharo

Curiosa manía otorgarle a las cosas
cualidades que no poseen:

esta cigüeña, por ejemplo
con las alas llenas de aire

desplegando terror
sobre los patos en el ramaje

¿dónde alcanza el garbo que presume en la postal?

un asunto de graduación tal vez
presbicia, astigmatismo

la fijación por registrar y
dar sentido al registro

desde: la malformación de retina
hasta: las desviaciones de una lengua

blanqueamiento ante los piojos
suspendidos como el polvo en cada aleteo

curiosa —por decir lo menos—
esta especie de asepsia

esta manera de miopía
este candor pueril en el retrato

que nos recuerda la ceguera del guácharo
al interior de su caverna

y que incita a pensar en un viajero
cargando un par de binoculares

con los lentes llenos de rayones

 

no solo las aves migratorias confunden las
coordenadas a lo largo de su trayecto

ssssssssssssssssssssssssssssssCon una sarta de aspirinas, una bolsa de crayones y una cruz
ssssssssssssssssssssssssssssssoculta en el silabario. Por amor al indio y por los frutos del
ssssssssssssssssssssssssssssssalfabeto. Como una parva de parabas o una turba de cardenales.
ssssssssssssssssssssssssssssssPerder el rumbo, entre los catos de la lengua como una trampa
sssssssssssssssssssssssssssssstendida en complicidad con la noche. En la homilía del yatiri.
ssssssssssssssssssssssssssssssEn nombre del pan, la yuca, la ostia. Y por el mote puesto
ssssssssssssssssssssssssssssssen manos de una horda de salvajes. Transar lo cristalino del
ssssssssssssssssssssssssssssssarroyo. El sosiego, la distancia. Prédica y palabra. Migas que se
ssssssssssssssssssssssssssssssarrojan para el cebo de las truchas. En la garra del mochuelo.
ssssssssssssssssssssssssssssssComo saeta que cruza el campo, el salmo, la osadía. O por el
ssssssssssssssssssssssssssssssmiedo como vocablo desbaratando la choza junto al río

 

 

cor(r)al

Vete serpiente —dirías—
si fuese posible sé otra

ya no te parezcas, serpiente
recuerda: tu muda te borra

 

 

 

cessna 180

Como vuelo de libélula / matapiojo
abriéndose paso en la ventisca
giros cabriolas
mareo al interior del fuselaje

si la caída es leve
(todo cae
todo siempre cae
todo siempre cayendo)
abajo el caimán
atento al desplome

una tacha como cruz en el aire

perder primero el horizonte
la gravedad la compostura

un asunto de mal enfoque

el disparo de una alarma
en medio del vuelo raso

el ronquido del motor a escasa altura

cabeza contra rodilla
tras el velo de las nubes

por aquello que el ojo nombra
con tal abrirse paso en la ventisca

giros cabriolas

la distancia que media entre uno
y la quijada con su colmillo