Selección de grabados
Obra visual

Guadalupe Santa Cruz estudió grabado en l’Academie Royale des Beaux Arts de Liege, Bélgica, y participó en la asociación de grabadores La Poupée d’Encre. Expuso sus obras en ese país y en Chile, principalmente. Las imágenes que seleccionamos corresponden a los grabados que aparecen en su libro de artista Quebrada. Las cordilleras en Andas (2006) y el cubo Palabra Continente, una visualización de la novela Los conversos (2001), que expuso en diversos lugares de Santiago.

 

LA MATRIZ

Es distinto escribir yermo a pulir una superficie con la goma abrasiva que lleva por nombre yermo. Es otro el placer al bruñir una zona que, el cuerpo sabe, encubre lo que me gusta llamar la luz definitiva de ciertos lugares. Es distinto escribir yermo a tocar la palabra y dejarse rasmillar por su materia.

Las palabras, al igual que la matriz de metal, poseen diversas napas difíciles de distinguir. Un brillo debe ser diferenciado de otro a través de una cierta inclinación del cuerpo y, por sobre todo, del ojo. En un cierto ángulo de luz y con la pupila dilatada aparecen las capas geológicas depositadas unas sobre otras, las capas de ocupación y otras intervenciones que han dejado huellas. La arqueología indaga en los basurales como restos de vida material. Basurales, grabados o pinturas rupestres y manantiales, ríos o cursos de agua se estrechan en la edad de un lugar. Yo debo exorbitar la mirada para llevar a cabo la partición de las manchas fantasmagóricas que son propias al aluminio, del centelleo en las imágenes fotográficas y de la oscuridad que pertenece a la historia.

Lo que me ata al grabado es el error, nada en él es definitivo. Una equivocación es punto de partida, la oportunidad de soltar las amarras y dejarse llevar por la materia, por lo que es sugerido en este cuerpo a cuerpo entre una mano que quiere corregir y la misma mano que hace abandono, detiene su frenesí y cae.

Amo el grabado porque es trabajo. Un delantal que resume tiempo cuando la faena toca a su fin e inscribe definitivamente, porque la matriz que se da por terminada prolonga esa certeza de lo definitivo –una luz tajante, un momento con forma, un dolor, una lacinante pérdida en el goce, esa imagen prendida y fija en la vibración de aquella escena– cuando es dada de baja, finito el lento oficio de marcar, borrar, entrecruzar, tarjar, atenuar, finalizado en esta matriz que queda atrás y se presta a ser estampa. A ser repetición. Fetiche.

La mugre, que es alegría de este trabajo y cochina como los viajes, ha sido pasada en limpio y ya no hay pasión, sólo contemplo un objeto.

 

Manuscrito para el libro Quebrada. Las cordilleras en Andas, Santiago, Francisco Zegers Editor, 2006.

 

 

Cubo Palabra Continente, 2001. Aluminio fotograbado y técnica mixta.

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