Qué es un corte?
Presentación de Balada

Me pasaron dos cosas esta mañana. Aún no leía Balada y mi hermano me pidió que hiciera dormir a mi sobrino que recién comienza a hablar. No tenía tiempo para las dos cosas, así que hice las dos al mismo tiempo. Leí Balada en voz alta para hacer dormir al niño.  Se durmió justo al terminar de decir el último verso “Vida, no estás hecha de palabras”. Solo me interrumpió una vez para comparar las calles de nuestra ciudad con las de su pista de juguete. Le sorprendía que en su pista no había luces rojas. Los autos nunca tenían que detenerse y en la ciudad sí. Luego, en el almuerzo, una amiga de mi madre contó que una vez la habían conducido, a través de paisajes interiores, de casa en casa, desde la punta del cerro hasta el plan sin necesidad de salir a la vereda.

Al escribir, entre cada imagen hay una pared que presiona una decisión. Se le puede rodear, derribar, chocar para siempre contra ella o, como en el caso de este libro, crearle una puerta. Quiero decir, que hay un intervalo entre imagen e imagen, en el cual, se juega la consciencia de. El escritor. debe reaccionar frente a sus necesidades dada por su discurso o falta de él. Dada por sus certezas e inseguridades. La satisfacción está precedida por un juego de velocidades. Pero ¿qué pasa si solo aumentamos la velocidad incluso hasta después de atravesarla?

Antes de seguir quisiera hacer una revisión de algo que acabo de decir. Dije “entre cada imagen”. Pero esto es una simplificación. Lo cierto es que no siempre son imágenes. O más bien, es muy difícil encontrar imágenes puras. Uno no lee por conceptos, lee por línea en el caso de la poesía en verso. En esta, que está a medio camino entre la prosa y el verso, podríamos llamarle tirones. Y en la tensión entre la medida de ese tirón de lectura con el espacio que necesita para consumarse como imagen. La imagen se juega la consumación o no de su figura. En la consciencia de esta espacialidad se le puede intervenir con otros materiales como frases o conceptos, se afina en su rareza antes que el tiempo la zanje. La relevancia del tiempo de la lectura está incluso expresada en la diagramación del poema. En algunos momentos el texto parece estar ajustado a su propio final, representado en el final de la página.

Esta es la primera artesanía de Balada. Logra crear unidades muy concretas y expresivas, para ir luego, a la segunda artesanía. Montarla con otras de la misma o mayor expresividad que hacen todo el sentido, pero no sabemos por qué. De eso quiero hablar en este texto, de la consciencia que hay en esta escritura de esos intervalos, de lo que se juega ahí. Que ahora no podría nombrarlo de otra manera que la expectativa de quien lee, que a su vez es la libertad o represión de quien escribe. Doy un ejemplo con esta cita “Nuestros corazones al unísono laten y se reproducen cómo el día y la noche. Cordilleras de basura. Veo glaciares derretirse” aquí veo, por ejemplo, tres unidades y tres intervalos. Las unidades me parecen tan importantes como los intervalos, ya que ahí reside ausente la decisión del montajista. Las tres unidades juntas logran toda la expresividad del mundo, pero solo pueden estar juntas porque hay que un sujeto juntándolas. No podrían ser juntadas por el sentido común, menos por un algoritmo, espero.

Hablando de intervalos y sueño. No puedo evitar traer a colación Ofrenda musical de Luis Sagasti. Es una especie de novela ensayo que enfoca el momento en que Bach compuso las variaciones Goldberg. Según el Bahiense, Bach compuso las variaciones a partir de un monarca que tenía problemas de insomnio. Necesitaba una melodía que lo hiciera dormir. El intérprete era Goldberg e iba todas las noches a la habitación real para hacer dormir al monarca. En esa rutina con el oficio, se comenzó a dar cuenta que, si variaba el intervalo entre pieza y pieza, la misión era más efectiva. A veces lo hacía más largos, después más corto, después más largo pero no igual de largo que la primera vez, después brevísimo y así. Lo que hacía, en el fondo, era primero captar la atención del insomne con un sonido – que era lo que este había pedido – pero luego a través de la conjugación azarosa de la expectativa y la sorpresa se lograba aminorar la importancia que le daba el insomne al anticipo. Así se podía entregar al sonido sin control. Así se podía entregar al sueño.

Comparto esto para ilustrar la relevancia de mi punctum: el intervalo. Pero también porque la operación que describe Sagasti, tiene cosas similares con lo de Foerster. Al leer uno tiende a buscar un discurso reconocible. Que está siempre dado por la consecución lógica de ciertos principios que mezclados con ciertas estéticas uno puede decir este es tal o en el caso contrario es anti tal. Cuando esto no pasa hay un encuentro singular. “lo espontáneo es el territorio inmediato de lo consabido” dice Barthes. Balada apuesta a todo lo contrario, a lo que no sabemos de una experiencia individual y que solo se puede descubrir a través de imágenes que no sean las que están dando vueltas por todos lados y uniforman nuestras identidades. Lo espontáneo es a momentos contrario a lo auténtico. El lector, por costumbre espera saber lo que viene. En el corto tiempo que pasa por el intervalo cree saber para dónde va la micro, la imagen siguiente no solo lo sorprende también alarga la sensación de ambigüedad, y al ser capaz de nombrarla, además, la vuelve habitable.

Todas estas ideas medias truncadas de los párrafos anteriores eran para llegar a la pregunta que me planteó Balada ¿Qué es un corte?  Para abordarla comenzaré desde otro lugar. El viaje en que se embarca el libro tiene sus particularidades. Es claro que hay un recorrido. Un desplazamiento de un punto A un punto B. Pero no es el sujeto el que se mueve, o más bien se mantiene estático y crea un viaje mental. Para poder viajar sin moverse del lugar se usa el lenguaje como vehículo y el corte, el intervalo trabajado de esta manera es el combustible de este vehículo que le permite seguir avanzando. La pista sin semáforos que soñaba mi sobrino.

El poema se suele usar mucho para recordar y aparejar esos recuerdos con metáforas hechos con materiales del presente. Acá es como si se hubiera dado una vuelta de tuerca más. Están encapsulados estos recuerdos que son momentos de cobijo. pestañeos de percepción archivados, construcciones que permiten sintonizar con la mismidad. Puestos uno tras otros aumentando cada vez más el vértigo a través del juego de la expectativa. Una manera de extender la sensación un rato. La sensación del autorretrato. Cómo si uno anduviera con un morral y al conocer a alguien dijera “mira, estas son mis imágenes”. Pensándolo un poco, eso busca mostrar una balada. Una honestidad que pretende encontrarse con una identificación afectiva. La diferencia es que acá hay un esfuerzo por encontrar aquellas unidades que realmente toquen esa fibra de la identidad, “si el pino sueña con su savia” qué difícil es distinguir entre las imágenes que nacen de nosotros de las que nos invaden. Solo podemos hacer visible nuestra savia a través de formas precisas del lenguaje.