Los Juicios del Dios Agrélla (fragmento)
Novela

Zsigmond Remenyik nace en Dormand el año 1900, al norte de Hungría. En 1919 abandona sus estudios de leyes y comienza su actividad en la vanguardia literaria y política junto al “Activismo” de Lajos Kassák. Promueve la agitación que llevará a la efímera revolución proletaria húngara. Exiliado, se separa de sus camaradas que se organizan en Viena y viaja a Latinoamérica, que recorre ampliamente antes de llegar a Valparaíso. Sus aventuras dignas de Gorki o Jack London le servirán más tarde de inspiración para sus novelas. En 1921 se desempeña como limpiador de pescados, pianista de bar y contrabandista en nuestro puerto. Al año siguiente forma parte activa del movimiento vanguardista que se ha formado en la ciudad, firma el manifiesto Rosa Náutica y publica su epopeya La tentación de los asesinos. En 1923 está en Lima, donde publica las tres epopeyas escritas en Valparaíso bajo el título Las tres tragedias del lamparero alucinado, y tiene un amor que termina con la muerte de su mujer y su hija a causa de la tuberculosis. En 1926 vuelve a Hungría, donde sufrirá la censura y la cárcel, antes de recibir algunos honores poco antes de morir en 1962.

A continuación presentamos un extracto de la novela Los Juicio del Dios Agrella, que será publicada este año por Ediciones del Caxicôndor. Las ilustraciones y prolegómenos estuvieron a cargo de Chano Olibos, investigador, ilustrador y editor independiente.

 

*

 

5.

en el puertó entre tabernás, bordeles i salones de bajle amontonádos el negocio más conocido i consideráble era uno de lás empresás magnificás de Eta G. tituládó La Morgue! esa taberna i casa de citás con linternás oscurás en la pared, en lás cercanias del muelle, mejor dicho, situáda entre la mar i un cementério cercánó, era digna de su nombre! cargadores negros, i marinos de naves extranjeros buscában La Morgue principálmente, en la compañia de mujeres recojidás de la calle! estaba aqui una sala separáda tambien, reserváda para contrabandistás e individuos vigiládos por la policia, con una vieja mujer idiota al servicio de los parroquiános! sobre la puerta, cuando esa se abrió, en toda ocasion tocába un timbre! en el vientó todo el edificio temblába terriblemente, i durante tempestádes lás olas azotában lás rejás de lás ventánás con el vientó! de lás callejuélás cercánás angustiósos aullidós se podia oir! pero en estos nadie se fijo, todó se há perdido aqui en el vientó, en el ruido ronco del piáno electrico, i en el humo azuleádó!

6.

a los parroquiános más conocidos de La Morgue pertenecio el propietário de una agencia de entierró, José C.! en verdád, esta taberna era la mejor situáda, entre la már i el cementérió, principálmente para un hombre de entierrós! una mesa separáda tenia el al ládo de una oscura ventána de verjas, bajo de una lámpara oscura, donde pacientemente fumába su cigárró en su vestidó negró, sobre la mesa delante de si colocando sus dos mános gordas, casi adornando la mesa descolorida con ellas!

ahora una mujer flaca i oscura ha aparecidó en la profundidád, de cára descolorida i de lábios pintádos, de ojos turbios, quedó paráda en la puerta como si hubiera buscádó alguien! sonreia nerviosamente si un negro cargador la dirigia la palábra,

era una mujer vagabunda de lás calles, de deseos inagotábles, con señas exteriores i fatáles de un terrible destino en sus ojos, esta era Lidia! ahora adelantába, tropezandó lás sillás en cada momento, hasta que llegába a la mesa de un hombrecitó
bajo i silencioso, allá quedó paráda, puso sus dos mános sobre el respaldó de una silla, esperába un momentó i se sentó!

— apenás encontré a Utd, dijo nerviosamente mordiendo suslábios,
— apenas le encontré!
— lo principál es que me encontró, eso es lo principál!

decia el carnicero, cierto llamádó H. Cortéz,
— puede tomár una copita de aguardiente, i despues vámos al monte donde yo vivo! vea la luna sobre la már, ahora sále! pero si esta cansáda, podémos quedár pára toda la noche en la ciudád, en este sitio siempre hay alguna cama vacia i desocupáda! su camisa la tiene un poco sucia, i tambien humeda del sudor! con tal cabellos desordenádos donde andába? tras hombres vagába, cierto! salir de una cama, i entrar a la otra, que barbaridád! con cual marinos sucios se junta, en todas las callejuelás la conocen, se enpiojenta, i recoge todás lás emfermedádes ascosás, mientras que el timonel esta en lejános viajes! como arden sus ojos, ladrónes, asesinos, maridos engañádos son los amantes de Utd, la basura de lás calles es Utd. en verdás, i la suerte de Utd. sin embargo me hace compadecer, pobre pobre muchácha, con sus deseos inagotábles, comparádo a que el agua de todos los mares es una bagatela insignificante! emferma i loca es Utd! a donde llegará? que será de Utd. todavia? será una asesina, o una prostituta asesináda! que
extraña es la suerte de Utds. la de los hombres i mujeres extranjerás, extraña i fatal! son parecidos a los marinos lejános, que toman, son piojentos i rotosos, pero la misma lláma arde en los ojos de todos ellos, la lláma de la angustia! la de la angustia i del destino, en verdád! la de la angustia, del destino i de la misericordia, la miráda de los torpes, de los impotentes i la de los desamparádos tienen en los ojos, de donde vienen estos hombres Lidia? sin embargo sabémos, que no hay misericordia!

7.

otra copa de aguardiente tomában despues, i no obstante que el ruido era muy grande en la taberna, el piáno sonába roncamente, i el viento silbába de la már, el propietário de la agencia de entierró José C. que de ellos a la secunda mesa estába sentádo, cláramente podia oir cada palabra de ellos! la muchacha cubrió su cára con las mános entonces, secába el sudor de su frente con sus mános largos i cansádos, i mirába silenciosamente con ojos tiesos! como a frente de la ventana estába sentáda la luna alumbrába su cára! ahora asi hablába el carnicero H. Cortéz, de nuevo:

— la suerte de Utds. es más que terrible! vos andan vagandó, i en sus extraña vida llegan a conocer todo lo que en realidád importante es en el sufrimientó, en la miséria i en la tristéza! que es lo que vos conduce hacia desconocidás tierrás lejanás, en tumultos monstruosos, en barcas misérias e inmensás, digame! llegan, i se esconden en almacenes desamparádáds, los hombres se ván a trabajar a edificios, lás mujeres, aunque son rotosás i cansádás, en la noche andan por lás tabernás en busca de algun dinéro! el timonel esta en lejános viajes! muchas suertes horrorosas corren delante de nosotros, i si alguien presta atencion a la observacion de ellás, puede ser testigo de casos espantosos!
hán tomádó de nuevo, buques bramában largamente en el puertó, entonces H. Cortéz asi há continuádó:

— podria hablár yo de tragediás individuáles, de llegadá de hombres rotosos y de la perdida de ellos, del perecer de familiás, de la caida de mucháchás jovenes, que se acába en bordeles con emfermedádes ascosás i con muerte, pero en lugár de todos estos vos diré una cosa más terrible, mejor dicho para mi mismo lo diré, porque vos de todo esto debe ser enteráda! una prostituta canadiense! el timonel esta en lejánós viajes! su nave, dirigida por el norte, salvájemente azotea el vientó! vos quieró hablár del asolár de unos cientós de hombres, que resolviéron confiár su vida a una tropa de contabandistás de alcohol, que en un vapor viejo a los Estados Unidos puedan secrétamente llegár! lo repito, se trató de un pár de cientós de hombres de distinta
nacionalidád, de viejos i de jovenes de sános i de emfermos, de mujeres i de hombres, que uno a otro talvez ni conocieron! cuandó se oscureció, i el buque andába el el már oscuro con una pequena lámpara en la pópa, el capitán reunia a todos, i les enterába con ajuda de interprete, que acercandose a lás orillás, donde en cada momentó con guardiás de lanchas motores pueden encontrárse, en interes de la empresa comun se ve obligádó hacer algunás precauciones necesárias! los infelices en todo consienten! entonces encadenan a todos, i les encierran en el fondó del buque! encerrádás lás puertás sobre ellos con varas de fierró, se abre el fondó del buque, i la gente encadenada con un horrible gemir se ahoga en el már! el buque se vá adelante, el capitán con la tripulación todavia en
la misma noche divide la ganancia, llegan a un puertó, i ocupan los bordeles i tabernás con la risa salvaje de los fierás! en esta vida no hay misericordia!

 

 

8.

ahora una tropa de negros sucios entrába en la compañia de mujeres descoloridás! en el puertó i en lás calles el vientó silbába salvajemente, la campanilla sobre la puerta siempre sonába, llamandó la atencion a la llegáda de nuevos parroquiános! H. Cortéz tomába de nuevo, i pusó su mános sobre lás mános de Lidia silenciosamente, que con mucha tristéza en los ojos estába sentáda al frente de la luna!

— que te pása Lidia Mc. Lean, que te pása? tienes tu cára completamente de color de cenisa, que pensamientos te ocupan? alguna emfermedád ascosa hás recojidó talvéz, o en algunos campos humedos i lejános estas vagandó en tu pensamiento! ahi tienes aguardiente, toma! el timonel anda en lejános viajes, en sendérás insegurás i desconocidás! probáblemente vos quereis mucho, que a tanto sois capázes uno por otro! Lidia que te pása?

— no lo sé decia Lidia silenciosamente, no lo sé, que me pása! no puedo descansár, soy confusa i andó vagandó por lás callejuélás más suciás! entró a cada teberna, me pintó en lás noches, i no pása ninguna de mis noches sin que me juntaria con dos, tres de los tipos del puertó! en la madrugáda cuentó mi pláta en lás calles, sudó, i mi cuartó es miseráble! estoy sentáda bajo de una lámpara oscura, i en mi cára corren lás lágrimas!

tomában otravéz, entonces H. Cortéz secandó su bigote humedo, asi hablába roncamente:

— todos sois unos miserábles, sois roncos i temerosos! te lo confiesó, en realidád todos somos miserábles, i no lo pienses, que alguna gran importancia atribuio a mi profesion, o a la profesion de mis vecinos, de que el uno es lechero; i panadéro el otro! siento una confusion horrorósa sobre todos los sucesos! sois roncos, i vuestras palábras absurdás profundidádes extráñás tienen! quien es tu amante más extráño? Lidia se reia roncamente, i echába su aguardiente al suelo!

— mi amante más extráño es un joven, llamádo
Agrélla, que es un poéta i anarchista, se rie siempre i anda muy mál afeitádó! en ciertós cásos le ayudo con poco dinéro, si en lás cocineriás ya no tiene crédito! anda hambrientó, i tiene frio siempre! su vestido es completamente rotoso, i se acostumbra lavár su camisa en el már! i ella se reia mudamente, con dos lágrimas en sus ojos, perdidos en su cára descolorida i flaca!