El amor no es para seres como nosotros
sobre Larvaria de Romina Sandoval Rojas

 

El amor no es para seres como nosotros. De ésta forma abre el primer poemario de Romina Sandoval Rojas, comunicadora audiovisual, poeta y fotógrafa oriunda de la comuna de San Bernardo. Larvaria sale a la luz el año 2016, bajo la colección Lo que se ve no se pregunta en la Editorial Moda y Pueblo, siendo presentada en su lanzamiento por Daniela Catrileo, en el extinto espacio Radicales. 

El verso iniciador podría marcar la antesala a lo que sigue: un quiebre tormentoso donde el dolor y el desarraigo serán tópicos que van recorriendo la poética de la autora. Pero sería iluso quedarse solo con esta mirada, ya que los seres y espacios que va presentando Romina están cargados de un halo sombrío, de una atmósfera cubierta de dobles lecturas, de interpretaciones e introspecciones acerca de nuestro propio estado larvario.

Ubica en relato poético una casa y un jardín, espacios fantasmas que servirán como soporte para el tránsito de estos humanoides al cruel mundo de los insectos. Perder extremidades, acoplarse al otro, succionar fluidos; tensiones continuas entre muerte/vida, luz/oscuridad, casa/jardín, pero con una clara tendencia de caer hacia la desolación: “antes de entregarme al jardín las intenté leer en voz alta pero ya no puedo recordar cómo se habla”.

La voz configura la narración, exponiendo con ternura de guante quirúrgico el horror y el destino de estos seres híbridos que no hacen el amor, ni tampoco follan, sino que copulan, en una frialdad científica y llena de nombres y tecnicismos sobre el reino de los insectos: coleópteros, bubamaras, escolopendras, parásitos, simbiosis, autofagia. Jugueteando con el lenguaje: ¿alguna vez te has detenido a escuchar los orgasmos de las avispas? / el macho cae desgarrado al suelo luego de copular en el aire la eyaculación puede terminar en el cercenamiento del órgano masculino /a veces tú crees que vuelas sobre las flores pero siempre caes / en el verano todos los bichos de la casa retozan en mi estómago”.

Larvaria es diseccionada en 74 páginas, en 6 capítulos que narran, casi como una enciclopedia perdida, nombres que son elegidos para abarcar las temáticas que lo componen. El último episodio que la constituye se titula “Canibalismo y autofagia” y contiene una especia de resolución, una entrega de la voz-poética hacia el desastre que ha enmarañado a lo largo del lenguaje y de la transmutación hacia lo inocuo de los insectos: “quiero armar un círculo alrededor de mi mano perdida / ya no puedo recordar ni una nota de tu voz / te escribí veintitrés cartas a mano / antes de entregarme al jardín / las intenté leer en voz alta / pero ya no puedo recordar cómo se habla”.

A lo largo del poemario, la hablante se torna insecto, satisface sus necesidades, resuelve sus relaciones, trata de pensar como ellos. Se logra la metamorfosis que toma lo peor de dos mundos, un acercamiento hacia lo salvaje por parte de ella, mientras que en la otredad pasa a ser un trofeo-humanoide que se arma y desarma al antojo de quien lo devora. El sujeto amoroso pasa a ser una presa: es utilizado, comido y luego expulsado. 

Finalmente, en Larvaria se plantea una erótica del hambre. La necesidad en partida doble, con una exploración hacia los instintos desatados de un narrador híbrido, que confunde el amar con el destrozar/tragar un cuerpo: “Le arrancaría la cabeza a C/  Tomaría las patas de A/ Uniría el tórax de F/ Robaría las alas de P/ Extraería la sangre de D/ Formaría un escarabajo perfecto”

 

 

 

Microcosmos

 El cuerpo de la bubamara tiene una armadura escarlata

Si la miras al sol parece una manualidad de brillantina

si la miras de noche es un ser que agita sus alas

formando huracanes en la Indochina

La bubamara es el insecto más hermoso de mi casa

los rastreros no se atreven a copularla

Caminan en la noche con púas en sus miembros

observando el momento para montarse encima de ella

pero temen a su belleza larvaria

Bubamara parece una niña escondida dentro de un animal

mitológico,

su armadura no es más que una máscara,

la primera capa de tantas

Si abres su cuerpo, sólo encontraras millones de ellas

 

 

Clasificaciones sobre el desplazamiento 

¿Cuál es la diferencia entre arrastrarse y caminar?

Es fácil situar a los voladores como animales más nobles que

aquellos que se desarrollan en el suelo, pero el arrastrarse es

aún más castigado en la escala de nobleza. La diferencia

radica en el uso de las patas; la larva siempre se arrastra, lo

cual limita sus posibilidades de escapar en el caso de que

llegue un depredador. Algunos coleópteros pueden correr muy

rápido, el escarabajo tigre por ejemplo alcanza la velocidad de

cuatrocientos kilómetros por hora siendo uno de los animales

más rápidos del planeta.

Rastreros

Caminantes

Voladores

Yo utilizo las tres formas de desplazamiento

 

 

El insecto negro 

C no era único, en su limitado hábitat probablemente existían

unas tres mil especies iguales a él. Gracias a C comprendí

que cada hecho, que cada palabra, que cada gesto, que cada

beso, que cada acto es reproducible unas tres mil veces.

 

 

Apuntes de Reproducción

Algunas especies de escarabajos potencian su reproducción y

la continuidad de la especie por medio de prácticas poco

comunes. El sexo homosexual en el reino animal se ha visto

varias veces, sin embargo los coleópteros lo realizan para

reproducirse. Copular entre machos y dejarse el semen más

óptimo en las cavidades genitales tiene como fin traspasar el

fluido a la hembra y no tener fallas en la fertilización. De esta

manera el sexo entre machos significa una cooperación dentro

de la comunidad.

Cierta especie de coleópteros posee un pene con largas

espinas, la copula con la hembra es desagradable y dolorosa,

pero aquellos son quienes consiguen perpetuar mas crías. Las

espinas desgarran el tejido logrando que la esperma invada

las cavidades de manera más efectiva. A diferencia de otros

insectos, la hembra no se come al macho ni lo asesina en el

acto sexual, sino que lo patea violentamente para expulsarlo.

 

Fotografías: Romina Sandoval