La permanencia del sueño
Entrevista a Tulio Mora

por Gonzalo Geraldo Peláez)[1]

 “Nosotros entendemos el fracaso a partir de una permanencia, la permanencia del sueño que es anterior y posterior a nosotros”

A la manera de las “Cartas del vidente” de Rimbaud, Mora se ha obstinado tanto en su obra crítica como poética de predicar la vida, desnuda como un gran libro. Una profesión de fe que nos habla del teatro de la Historia, donde todos los muertos expulsan sus miserias y desagravios. Visiones que quisieran reinventar, quizá, el devenir del Perú en cuanto raza y escritura. Esto es parte de nuestro diálogo infinito.  

 

 

Correspondencia Infra

Los contactos iniciales de Hora Zero y los Infrarrealistas, fueron curiosamente de Mario Santiago y Juan Ramírez Ruiz, Roberto Bolaño y Jorge Pimentel. Bolaño al parecer fue el primero que lleva a México los libros de la gente de HZ; los libros de Pimentel, Juan Ramírez, Verástegui y la antología Estos trece de José Miguel Oviedo. Esa es la literatura de cabecera de los Infrarrealistas al momento de su creación (1975), y luego, Bolaño publica la antología Muchachos desnudos bajo el arcoíris de fuego (1979) donde incluye a Pimentel y Verástegui. Pero ya Mario Santiago junto a Joséantonio Suárez tienen contacto con Juan Ramírez antes de la existencia de los Infra para fundar un movimiento continental que se iba a llamar Plan América.

 

“Destruir para construir”

El primer manifiesto de HZ (“Palabras urgentes”, 1970) es muy explícito en su saludo al Che Guevara, la Revolución Cubana, al camino luminoso que nos espera después de la catástrofe que estamos viviendo, y en el que se nos ha encomendado escribir poéticamente esa catástrofe. Hay ahí un mensaje claramente ideológico, una voluntad ideológica. Es el caso de mucha gente de los Infrarrealistas que eran militantes o simpatizantes trotskistas como los hermanos Méndez, Pedro Damián y el propio Bolaño. Y en parte, Plan América quería constituirse como una propuesta poética de ese movimiento continental, quizás recogiendo el mensaje del Che Guevara: “crear dos, tres… muchos Vietnam”. Algo tiene de ese tono quebrantador del Sistema, mas no existe un documento que hayan preparado porque era bien complicado armar una plataforma continental si apenas estaban hablando con México. Hay una cosa interesante, en el año 1973, Juan Ramírez saca una revista-tabloide, la última publicación de la primera etapa de HZ, donde hay nuevos aportes como los de Yulino Dávila, Bernardo Álvarez, Isaac Rupay, Eloy Jaurégui, Rubén Urbizagastegui.

 

Nos quieren desaparecer, nos quieren borrar

Nosotros peleamos y tuvimos una gran ventaja, el velasquismo (1968-1975) que al tumbarse la oligarquía agraria del Perú dejo el semáforo abierto para todo tipo de transgresiones como la estética. Control oligárquico que subsiste en México, además, de los “poetas del erario nacional” que veían a los Infras como unos guerrilleros verbales, que no les estaban quitando la chamba pero sí estaban denunciando sus pleitos e intereses económicos. De cualquier manera, habíamos sentido la postergación acá, siempre el pleito había sido tan fuerte que desde las universidades nos bombardeaban. Enfrentamiento que hemos tenido con los poetas de los `80 y `90 como es en el caso de la introducción de la antología El bosque de los huesos (1995) de Miguel Ángel Zapata y José Antonio Mazzotti, donde se proponía prácticamente la desaparición de Hora Zero y todas las características poéticas de nuestro grupo se las atribuían al Movimiento Kloaka (1982-1984).

 

Las cuentas de la Historia

Nosotros entendemos el fracaso a partir de una permanencia, la permanencia del sueño que es anterior y posterior a nosotros. Es la honestidad del ser humano como actor de la Historia. Está esa voluntad de igualitarismo, de percepción de derechos distribuidos desde Sócrates. Ese es un viejo diálogo en el que tan sólo somos actores o constructores de cierto momento, convencidos de que ese sueño es posible. Hay dos características determinantes en la formación de HZ y los Infra: la alternativa ideológica al fascismo, la revolución socialista que fracasa tras la caída del Muro de Berlín; y la modificación que sufren los países latinoamericanos por la migración campo-ciudad desde los años `60, la cual genera una nueva cultura, una cultura urbana que ha sido representada marginalmente en la literatura. Cuadro característico de la  poesía horazeriana e infrarrealista que es la poesía del inmigrante, el lenguaje popular o de masas y su estructura narrativa. Es curioso que dos centros coloniales como el peruano y el mexicano controlaran mucho más las variaciones o notas artísticas. Por ello, sus vanguardias no pasan por la captura del lenguaje popular como si paso en Chile (la “poesía de lo huaso” de Pablo de Rokha), Argentina (que viene desde el siglo XIX con el Martín Fierro) y Nicaragua (Rubén Darío y sus efectos en las poéticas de Pablo Antonio Cuadra, Coronel Urtecho o Salomón de la Selva). La visión de mundo de la generación de los `70 está centrada en la voluntad de hacer de la poesía una forma general de la liberación del hombre, más allá de la ideología y del discurso político, de las estrategias para lograr ese sueño tan antiguo. Buscábamos pactos de complicidad con el lector, que todos escriban poesía o que de pronto estábamos haciendo el poema colectivo en ese sueño. Ahora bien, como el sueño es permanente, éste se está rearmando en el contexto del fracaso del modelo capitalista neoliberal.

 

Los borradores de la verdad

Actualmente, el intelectual en Latinoamérica está muy venido a menos, esta visión de que el mercado todo lo decide ha disminuido deplorablemente el rol que jugaba en nuestras sociedades. Este es un tiempo de crisis terminal donde se va a tener que replantear la economía, las formas de gobierno y, obviamente, las formas de administrar la res publica. Por ello, la ciudadanía está comprendiendo que los Estados no son eficientes porque son administrados por intereses de la empresa privada y, en consecuencia, hay que tomar esos Estados, convertir a cada ciudadano en un representante del Estado. Las verdades se van borrando, se van reescribiendo, pero la dialéctica de esta desobediencia civil nace de una huella y, en esa medida, los de HZ hablamos de los aportes de esa cultura que estaba emergiendo en Latinoamérica: el reencuentro de los ciudadanos en la masificación del sueño. Como decía un poeta chino, buscar al Otro es meterte en el Otro, hablar de entraña a entraña como en una conversación de cantina de dos cuates alrededor de una botella.

[1] Entrevista publicada en el número 33 de la revista cuzqueña Sieteculebras.