La alianza es que existan los pueblos:
De ser numerosos, de George Oppen.

Obsesionados, perplejos

Por el naufragio

De lo singular

Hemos elegido el significado

De ser numerosos

Este es el séptimo poema de uno de los libros más radicales en la historia de la poesía. Lo puse al principio porque condensa no sólo el libro sino lo que pretendo decir, pero sobre todo para que lo lean. Muchos desconfiamos de cuando se dice “este es un libro necesario, un libro urgente”. Sin embargo, en el momento sociopolítico en el que nos encontramos (o desencontramos, ça dépend), cuando la noción de acéfalo comienza a colmar la boca de quienes se proponen como referentes (no hay referentes, quizás ni siquiera referencialidad), aquejados de una clara reminiscencia fálica en el concepto, como si necesitáramos siempre de un cabecilla, justo aparece este libro imprescindible para pensar la poesía y la comunidad desde un “tiempo abierto”, sin imposturas ni imposiciones. De ser numerosos, de George Oppen (1908-1984), fue publicado en 1968 y, con la excepción de la antología que hace unos años Kurt Folch preparó para Ediciones UDP, hasta el año pasado no figuraba en ninguna sucursal de la lengua castellana. Gracias a la traducción de Hugo García Manríquez y editorial Matadero, primero apareció en México y ahora por fin en Chile, vía Aparte.

      Ahora que lo pienso, llama la atención que nunca haya sido traducido antes. Millán, nuestro hipervínculo con el Objetivismo, no le prestó particular atención a Oppen. Esta dilación, al menos para nosotros, tiene su recompensa: ha llegado en un momento exacto, donde el naufragio de lo singular no sólo es evidente, sino que transversal a las distintas capas de una sociedad de suyo sobredeterminada (Althusser). ¿Qué esperaban? ¿Que las palabras aguantaran por siempre, una eternización de las condiciones de producción de un mundo, de las vidas humanas?

       En realidad, lo que ha naufragado es el nosotros, la acción comunicativa, la ciudad de las corporaciones, el sistema social completo, cuyas caras de la moneda son la desigualdad y la opresión. Hay una grieta del porte del cielo entre ellos y nosotros. Al decir de Habermas en Problemas de legitimación en el capitalismo tardío, “la comunicación supone una metacomunicación simultánea” y, como hemos podido constatar, la connivencia entre medios y gobierno (léase empresarios y/o coloniaje), destruye esta posibilidad de antemano. Sin embargo, desde la poesía ha llegado un eslabón que puede ayudar a restaurar este hiato.

       En el prefacio a sus New Collected Poems, Eliot Weinberger rescata el hecho de que probablemente haya sido el único “escritor de partido” que nunca escribió panfletos ni mala poesía (doggerel), aun siendo militante del Partido Comunista, donde la poesía de perrito era una institución. Acá tenemos, entre muchos, a Efraín Barquero.

       De ser numerosos es el libro culmine que reanuda la serie discreta de una voz que se guardó durante 25 años, volcado a la acción directa junto a Mary, su compañera, asumiendo una posición radical ante el trabajo del poeta respecto a su comunidad inmediata, sin instrumentalizar jamás la poesía como una especie de retórica avanzada. En el ensayo El lugar de la mente, Oppen escribe: “Si el poeta abandona la validez de su visión –la verdad de lo que dice- se transforma en una víctima, la única víctima posible”. Y más adelante: “Es parte de la función de la poesía servir como prueba de veracidad”. Sin ningún resabio dogmático, plantea la posición que asume hacia las palabras, hacia las cosas, en el nosotros. En Oppen el lenguaje siempre está en crisis. Con su esposa hablaban desde la primera persona del plural (we, también “lugar”, en mapuche). Su poesía, en ningún caso, se trata de él. Está aquí para decirnos algo.

       “Es difícil ahora hablar de poesía–”, comienza el poema 27 de la primera serie, que después habla de “un orden distinto de experiencia”, algo hoy suspendido, en una reconfiguración aún bastante difusa. De momento, hemos elegido ser numerosos, que ha sido el primer gran paso de la crisis que supone para la clase político-empresarial, que detenta todas las nociones en relación a una economía unívoca, revestida de una batería de conceptos que no significan nada para nosotros pero que nos determinan.

       El libro es tan puntual en su aparición, que surge la tentación de aplicar pasajes o versos para glosar el presente de nuestra realidad. No es la idea, pues esta poesía no fue escrita como receta, sino que como remanso para pensar el cruce entre lo singular y lo comunitario. Pero nos permitirá arrojar cierta luz sobre los canales obturados de la comunicación y un tipo de razonamiento acostumbrado a lo superfluo. “Porque lo conocido y lo desconocido/ Se tocan”, es que podremos articular algo aún inarticulable, ese es el espacio de lo político, al que podríamos comenzar a pensar desde una poética y ya no una política, donde podamos “Encontrar una palabra para nosotros mismos”.

       La consciencia política del lenguaje en Oppen es tal que tiene la lucidez, casi confesional, de decirnos que “Las palabras no pueden ser enteramente transparentes. Y esa es la /´crueldad´ de las palabras”. Esta es una idea tan clara como contradictoria. No olvidemos que Oppen era comunista,y por tanto la dialéctica estaba instalada en su mente. Porque era un poeta que pensaba, algo que hoy resulta tautológico, parece nada menos que una idea a considerar. Oppen proponía una experiencia directa y personal de las palabras, del significado, algo que damos por sentado, pero ¿qué significa poesía hoy? O bien: ¿para qué poetas en tiempos de penuria? Justamente: “No la verdad sino los unos a los otros”. A toda su poesía subyace una renovación de la relación que tenemos con las cosas y entre nosotros.

       El mundo entendido desde la política, desde las instituciones, desde el Estado colonial, hace muchos años que ya no tiene ninguna validez ni es plausible vincularse desde allí. Los problemas de legitimación saltan a los ojos (perdigones), incluso a través de los monitores donde se monta la realidad, pero lo real es otra cosa y sólo se ve a pata o en sueños. Ni el Estado ni la clase política son interlocutores posibles, ni los rostros cercanos del recambio nos pueden vincular entre nosotros. Ese puente está roto hace mucho: no es una vía a considerar, por favor. En estos días de sobreinformación, donde muchos esgrimieron sus pareceres sin sopesar el significado de lo que decían, donde muchos tuvieron la súbita vocación de periodistas y cayeron en la proliferación de videos de denuncia al punto de borrar los hechos con sus capas y capas de registro, donde tuvimos que escuchar a nivel nacional frases del tipo “yo no tengo ninguna responsabilidad política”, releer a Oppen una y otra vez ha sido alivio y mecha. Por otra parte, debiéramos entender esta frase de manera literal: no hay responsabilidad política. No podemos esperar nada de ellos, ni de las palabras que nos “gobiernan”. La misma palabra “gobierno” es una palabra que, al menos para mí, no significa absolutamente nada.

Sin embargo soy uno de esos que con nada sino la forma de

               pensar propia de una persona y uno de sus dialectos y lo que

me ha sucedido a mí

Ha hecho poesía

        Han surgido ciertas palabras fundantes, que han renovado sus significados gracias a que pragmáticamente el uso ha sido, es otro. Una es el verbo despertar. “Chile despertó”, se lee en los cuadernos abiertos de los muros de la ciudad en llamas, radiante en su naufragio. The Materials (1962), libro anterior al que comentamos aquí, tiene un epígrafe de Maritain, que engarza con el presente: “Despertamos al mismo tiempo hacia nosotros y hacia las cosas”. El lenguaje está despertando nuevamente, nosotros; ya no hay una detención semántica y el lenguaje vuelve a ser público en una dirección de comunidad espontánea todavía en ciernes. Lo único claro es que no puede haber comunicación genuina con la clase política, con los medios y la institucionalidad, justamente porque están fundados sobre palabras que fijan, supeditan su significado a una retórica financierista, además de la nula reflexión sobre el lenguaje que se emplea. El desanclaje es cada vez más manifiesto.

       “Las raíces de las palabras/ Oscurecen en los metros”, comienza el poema 17, que también propone una “Anti-ontología!”, algo que a escapa de mis capacidades hermenéuticas. Pero el poema continúa: “Él quiere decir/ Que su vida es real, / Nadie puede decir por qué/ No es fácil hablar/ Un feroz murmullo, en público/ De un habla sin raíces”.

       Otra consigna popular ha sido, es: Hasta que valga la pena vivir. Es una autocrítica maravillosa, un autorreconocimiento político inexpugnable.

       Con un amigo y poeta hablábamos de tres conceptos axiales que podrían estar implicados en todo enunciado: memoria, actualidad y deseo. Mi amigo citó a Didi-Huberman, quien señala que toda sublevación necesita llevar una memoria (algo evidente en todas las consignas), demostrar una actualidad (quizás debiéramos entender esta palabra desde el inglés, como algo real, absolutamente demostrado) y anunciar un deseo (que en primera instancia es una nueva Constitución, pero que también es algo mayor que cambiar las reglas del juego en un denominado nuevo pacto social). Dicho de otro modo: La actualidad de la memoria es el deseo. Hay un desgarro, una grieta infinita.

       Como señalaba más arriba, De ser numerosos contiene la potencia de articular los silencios en la justeza de algunas palabras, con un cuidado –esta es la conciencia máxima de Oppen- por las palabras que empleamos para referir el mundo que “de ser materia/ Es impenetrable”. La secuencia de hechos tras su publicación en Chile es larga. Con una traducción mexicana, adaptada a nuestra versión chilena de la lengua que comparte el continente, aparece ahora, también haciéndole justicia a una poesía y un poeta que durante todos estos años aguardó para encontrar lectoras y lectores de por aquí.

       Publicar este libro es un acierto no oportunista, puesto que estaba listo antes de que estallara el movimiento. De ser numerosos, de George Oppen, puede ayudarnos a pensar la relación que tenemos con las cosas, entre nosotros, a través de las palabras. En estos poemas encontrarán una forma no preconcebida de acercarse al lenguaje, al otro. Primero, refleja el estado en el que nos encontramos; segundo, nos muestra una manera plausible de vincularnos. Basta mencionar la cantidad de citas sin atribuir en el libro, lo que da cuenta de una intertextualidad comunitaria, ya que muchas de esas citas son “robos” de textos o comentarios de amigas y amigos, como señalara el propio poeta.

       Por último, recordemos que “El corazón se abre inútilmente/ a 3 palabras, lo cual es muy poco”. Esas tres palabras: memoria, actualidad y deseo, están encarnadas en todos los poemas de un libro curiosamente necesario, en momentos en que buscamos

 

Claridad

En el sentido de transparencia,

No creo que mucho más pueda ser explicado.

Claridad en el sentido de silencio.