Extractos documental: Guadalupe Santa Cruz
(André Romus, 1993, Bélgica, 58 min.)

En este documental repasa el trayecto que va desde el regreso de la escritora al país en 1985 tras años de exilio en Bélgica, pasando por las postrimerías de la dictadura, el plebiscito y el retorno de la democracia, el cual suscita un comentario crítico por parte de Guadalupe Santa Cruz. A través de recuerdos, entrevistas y la lectura de fragmentos de sus novelas Salir (La balsa) (1989) y Cita Capital (1992), se reconstruye un reencuentro con la ciudad y una reflexión sobre el cuerpo, la palabra, la violencia y el paisaje.

 

Cada mirada es singular. Extremadamente singular aunque se viva en las palabras. Los encuentros son incorporar un poco el ojo del otro, es otra inclinación para mirar.

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Y precisamente, esa es una de las dificultades que percibo en esta película, el hecho de estar dentro de vuestro formato. Intento encontrar el mejor punto de apoyo para mí, darme mi propio marco que estará dentro de vuestro marco, no es para nada evidente. Y por otra parte, ¿quién soy yo aquí? Debo forzosamente representar algo, alguien, un país. Y es muy difícil porque creo más bien en las singularidades. No quiero representar a Chile, les facilito algunos paisajes, pero es muy difícil porque me doy cuenta que es una imagen que vendo, que doy, que presto. Y ustedes también la roban… Es como esos indígenas que tenían miedo que al ser fotografiados les robaran su alma. Ustedes partirán con un botín. Y yo me presto para ese robo. Por lo tanto, tengo que encontrar mi forma de guardar, de conservar, para que no se lleven todo. Entonces ¿qué represento? No quiero ser una chilena, no quiero ser una exiliada que regresó, no quiero ser la viuda de un belga, no quiero ser una escritora, porque soy un conjunto de coordenadas.

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Yo trabajaba en ese momento en una fundación para la alfabetización y formación de los trabajadores. Es ahí cuando me integré al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Como militante del MIR fui arrestada en 1974 y encarcelada.

-¿Mucho tiempo?

-Quince días.

-Me gustaría saber las condiciones de ese encarcelamiento.

-Son los primeros días, que consisten solo en interrogatorios. Después se pasa a una cárcel o a un campo de concentración. Es el período en que eres incomunicada.

-¿Qué significa “incomunicada”?

-Significa un interrogatorio sostenido durante quince días.

-¿Y tú estás sola en una celda?

-No era ni siquiera una celda. Yo no veía nada. No sabía dónde estaba. Tuve los ojos vendados durante quince días.

-¿Por qué los ojos vendados? ¿Una especie de humillación?

Es más que una humillación. Es una forma de sacarte de tu espacio. Tú no puedes verte, pero ellos te ven. Estás indefensa.

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-¿Y no se tiene ningún punto de referencia cuando se tienen los ojos vendados?

-Se tiene puntos de referencia locos. Se inventan puntos de referencia. Miras por debajo de la venda, escuchas, ves a través de los oídos. Escuchaba campanas y es así como después pude saber dónde había estado. Era la calle Londres y la llamaban la casa de las campanas porque había una iglesia cercana. Todas las personas que estuvieron ahí después contaron que oían campanas.

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Al comienzo de la calle Londres, este grafiti dice “VENGAZA”. Quisieron escribir “VENGANZA”, pero falta la N. Yo diría que falta la N de Nombre. No estoy a favor de la venganza, pero sí a favor del nombre. Es decir, estoy contra el olvido. Estoy a favor del nombre de los responsables.

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Septiembre de 1985. Cómo no desear, después de la calle du Bâneux, el sol dentro de las habitaciones. Exilio repetido dentro de la ciudad. No tenía palabras, territorio, siendo que pertenecía a Santiago.

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Es el mismo Chile y a la vez es un Chile que ha vivido bajo la dictadura. No es la violencia directa de los primeros días, de los primeros meses. Hay un estado de acostumbramiento por parte de las personas. Es algo muy difícil de comprender diez años más tarde. Ver el acostumbramiento social a esta dictadura que se aprende muy rápido.

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Es una vuelta a la lengua, al español que yo conocía. El español que es la lengua que me permite viajar sin estructura. No es el francés. El francés es la lengua de la puesta en orden, de la reflexión ordenada y no de la palabra.

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Esta ciudad se volvía muy borrosa con la distancia y al volver la recorrí en todas las direcciones. Sentía un gran placer al hacerlo. Era como armar mi propio mapa. Creo que Cita Capital es eso, una historia de amor en relación con Santiago. Es tratar de tocar con la mano este mapa vivo, redibujarlo.

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-A propósito de lo que dices, de la dificultad de estar encerrada en una imagen, después de tu duelo, tuviste una gran dificultad en dejarte fotografiar y eso duró mucho tiempo…

-Creo que eso se relaciona con el paisaje. Ves el paisaje y a la vez te dejas ver por él. Cuando alguien que tú amas desaparece, desapareces tú también. Hacerse fotografiar en la desaparición es un poco difícil. Es como cuando estábamos en la calle Londres. Es obvio que yo no podría haber hablado de la calle Londres puesto que estaba también siendo engullida. La desaparición de alguien es la desaparición de un testimonio sobre algo que ocurrió. Y después te preguntas cómo probar que eso sucedió. Es por eso que yo estaba feliz de volver a encontrar a ese cuidador de automóviles (y, por lo tanto, observador) que lo vio todo. Él atestigua que fue cierto, que sucedió ahí. Es tranquilizador.

-¿Quién podría dudar de ello?

-Yo, por supuesto, soy la primera en dudar.

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No sabemos en qué ecuaciones vivimos. Es misterioso. Dibujamos bosquejos de ciegos, como la mujer ciega de mi calle, justo frente a mi habitación que sigue mirando por la ventana desde el final de la primavera.

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En el norte de Santiago, que es la zona a la cual la Virgen da la espalda en el cerro, se encuentran los desechos de la ciudad. Históricamente se denominaba La Chimba y era el lugar donde vivía la servidumbre, en los primeros tiempos de Santiago. Posteriormente se transformó en el lugar de los desechos. Ahí está la morgue, el cementerio general, el psiquiátrico, y, extrañamente, los cuerpos de los quemados bajo la dictadura –una mujer sobrevivió- fueron abandonados en la zona norte, los degollados fueron hallados en la zona norte, en Quilicura.

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Julio de 1986: Deben haber oído hablar en Bélgica de los dos jóvenes quemados vivos por una patrulla militar durante una manifestación. El país se siente enfermo: se ha llegado demasiado lejos. Es el horror. Es un país al borde de lo tolerable. Como decía un amigo médico, la piel y el olfato son los primeros puntos de referencia humanos.

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Cuando ha habido personas quemadas, personas matadas, personas ahogadas, personas degolladas, no puedes seguir teniendo la misma noción de cuerpo. Es imposible puesto que las nociones tienen umbrales, límites: el umbral de dolor, el límite de la tolerancia. Cuando te obligan a traspasar los umbrales que tenías de tolerancia al dolor en general, una vez que lo posible ha sido desplazado, todas tus nociones cambian, especialmente tu noción de cuerpo. Y tu mapa del cuerpo cambia radicalmente.

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Al volver a Chile mi casa fue allanada, después del atentado fallido contra Pinochet. Y después del secuestro de un coronel, fue nuevamente allanada. Por razones no muy precisas, como muchas cosas bajo la dictadura. Me explicaron cuando fui a la Vicaría de la Solidaridad que estaban aprovechando para ir a observar dentro de las casas de los retornados del exilio. Era un buen pretexto.

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Febrero 1987. Allanamiento de mi casa, registro de mis papeles, de mis fotos. Aquí todo habla de fragilidad. Algunos amigos intentaban convencerme de partir. Decidí quedarme. En la irracionalidad, en lo imprevisible, se requiere otro centro de gravedad. En mi caso, era mi hogar, mis objetos reunidos contra la guerra. Todos los objetos cotidianos componen un orden y un desorden que nos protege de la disolución. Son los depositarios de la memoria.

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Marzo de 1990: Asume el nuevo gobierno. Todos pegados a la televisión. Fenómeno de imagen. Todos habremos compartido el mismo ángulo, el mismo recorrido visual de ese momento histórico. Y esa imagen de pesadilla: el contacto ante nuestros ojos de la dictadura y del nuevo gobierno. Pinochet junto a Aylwin. Difícil de soportar, pero esa misma imagen nos ayudará a volver comprender la democracia. La contigüidad de uniformes y los nuevos ministros en su primer día de clases. Escuela de hombres, por supuesto. Ni una sola mujer. No es fácil ser íntegramente mujer en Chile.

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Desde mi regreso realizo talleres. Trabajé durante seis años con trabajadores sobre el tema del territorio. Se trataba de situar el sindicato en el territorio, la salud en el territorio. Y ahora, desde hace un año trabajo en el Instituto de la Mujer, en una formación para mujeres, para desarrollar su liderazgo.

Armamos una metodología de expresión oral y el primer ejercicio que les pedíamos a los participantes del taller era que hablaran de un objeto que los represente, que hable de ellos, que les permita hablar de ellos. Estas son algunas palabras que han dicho sobre objetos.

Yo también voy a hablar de un objeto. Podría decirse que es un canasto, podría ser un continente, pero no contiene nada, no puede contener nada. Viertes líquido dentro y se desparrama. No retiene nada. Es un poco como la historia de este país. Tenemos la memoria corta, comenzamos cada día de cero. Pero como no tenemos historia, tal vez tenemos más libertad y menos control, en el sentido que, más allá de la dictadura, de los que gobiernan, hay algo aquí que es ingobernable.

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Venía pensando en mi madre cuando viajábamos hasta este lugar a propósito de la cordillera de la costa. Me acuerdo que una vez tomé un cuaderno y lápices y dije que iba a dibujar durante el viaje. Estaba en el auto dibujando las montañas y de pronto mi madre se da vuelta y me dice, “tú no miras las montañas, dibujas las montañas sin mirarlas. Obsérvalas, estas son onduladas, estas son más rectas, algunas son más marrones, otras negras con manchas verdes”. Eso me quedó para siempre, porque en general creo que todos funcionamos así. No pintamos la montaña, sino la idea de la montaña o describimos la idea de algo. No nos dejamos llevar por la mirada, eso es mucho más difícil.

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Enero de 1991: todo aquí, el paisaje o los nombres, hace pensar en el origen y el fin del mundo y no sabemos si debemos sentir miedo o dejarnos llevar, lo que a fin de cuentas es igual. La misma impresión que con los tambores del carnaval de Binche, ese rito arcaico que viene de lejos, que encanta, hechiza. ¿Podemos escapar de ello? Somos nosotros mismos en nuestra propia historia, en nuestra propia trampa. A pocos pasos, el mar ha tallado formas geométricas tan perfectas en las rocas que sentía que se desvelaban los viejos templos mayas o aztecas entre esas espumas enrabiadas, como un secreto que quema los sentidos. La línea, la simetría, esa forma de inclinarse les confiere un peso de vestigio, algo inalterable, pero es el mar el que estalla contra esos ángulos agudos que él mismo dibujó.

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Ahora entiendo: los arreglos en la casa habían imitado un embarazo. Hay una cierta deriva que termina aquí. Algo en mí tomó pie, forma y peso. Sentí desde el primer día que se incrustaba en mi vida. Y me siento maravillada del encadenamiento que implica, por ejemplo, un cambio de posición en Boris. Si llora por algo que ya tiene, me imagino su aburrimiento. Cambio su decoración, su juguete, mi voz. Y él vuelve a sonreír. Es un juego muy simple e infinitamente complejo, la contemplación y un estado alerta, todo simultáneo. Es él y es una infancia en mí.

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Hay aquí una ley cultural, profundamente inscrita, que consiste en transformar todo en humor. Me acuerdo de amigos que lo interpretan como cobardía, pero qué es la valentía sino también una forma de enceguecimiento. A fin de cuentas, muchas cosas son arreglos. Entonces, bienvenido el humor. Y está aún más presente cuando has vivido aquí y en otros lugares, como Eduardo Olivares, periodista.

Las cosas aquí se definen más bien por lo que falta. No somos, esto, no somos lo otro… ¿Pero cuál es la identidad nacional? Es no ser un argentino, no ser esto, lo otro.

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-Eso es lo interesante: lo que tú dejas fuera. Lo no dicho es tan importante como lo dicho. El escritor Juan Luis Martínez me dijo cuando yo terminaba mi segundo libro, “lo más importante es lo que está fuera del libro, lo que ha sido sacrificado”.

-Podría ser igual en el caso de esta película…

-Así lo espero. Hay muchas cosas que no les entregaré.

Las imágenes corresponden a capturas de pantalla seleccionadas por Nadia Prado, Álvaro Gaete y Samuel Espíndola.

El texto corresponde a fragmentos traducidos del francés por Cristóbal Santa Cruz.

Ver trailer:

https://vimeo.com/ondemand/guadalupesantacruz/228053288