El Señor Cäsar, de Felipe Reyes
Un reflejo en el agua movido por el viento

Pequeñas escenas, vistas laterales al relato mistificador en el que, por lo general, es narrada la experiencia del arte y la literatura. En su libro recién publicado, Un reflejo en el agua movido por el viento. Encuentros y desencuentros literarios. (Lumen, 2019) Felipe Reyes (Corte, Migrante, Nascimento) convoca a una galería variopinta de escritores y personajes retratados desde esa óptica. A continuación el texto sobre el célebre autor de El Paseo, Robert Walser 

 

EL SEÑOR CÄSAR

 

Nada me es más agradable que dar una

imagen totalmente falsa de mí mismo.

Robert Walser

 

No recuerda bien si son quince o más libros publicados, no podría asegurarlo, pero ese estimable número de obras no le han valido un honorario permanente para su menguada sobrevivencia. Su escritura no ha encontrado lectores.

Él sigue escribiendo.

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Los relatos para revistas lo mantienen a flote, aunque siempre a punto del naufragio. Gasta sus días y encara la palidez de la vida en una invariable y extensa jornada de trabajo, que alterna con largas caminatas en las que extrae la savia de su obra. Maltrata su espalda como el copista de su propia escritura: Robert Walser piensa en eso, en sus consecuencias, en su precario departamento de Berna.

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En una carta a su amigo Max Rychner, Walser escribe que hace unos diez años ha comenzado a esbozar a lápiz, «ante todo con timidez y con devoción», todo lo que produce, por lo que el proceso de la escritura ha experimentado «una lentitud premiosa, casi colosal». Su método «del lápiz, que va ligado a un consecuente y oficinesco sistema de copia», le ha provocado «verdaderos tormentos», anota Walser, «pero ese tormento me enseñó a tener paciencia, de tal modo que me he convertido en un virtuoso de la paciencia».

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Paciencia alterada continuamente por los editores, ese tipo de sujetos con el que parece no lograr entendimiento. Pese a los reiterados rechazos, Walser debía recurrir a ellos, discutir los detalles de un nuevo acuerdo o finiquitar un vínculo con injurias y portazos enérgicos. Pero volvía a intentarlo, a tener ilusiones, a iniciar un diálogo que diera continuidad a su escritura pública.

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Persiste. Envía una carta a Konsul Hauschild, editor de la casa Grethlein de la vecina Zúrich –a ciento veintinueve kilómetros de Berna–; lo invita a visitarlo para proponerle algún conjunto de relatos, un puñado de poemas o una novela, y sellar un acuerdo favorable. La misiva está firmada por el señor Cäsar, el mayordomo, en representación de Robert Walser, el escritor.

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Quería recuperar las esperanzas, acertar en un destino confiable para su escritura. Hacer alianza con quien lograra mimetizarse con su voz desde el núcleo mismo del texto. En una carta al editor Resy Breitbach, Walser le confiesa su decepción por la mínima falta de consideración a su oficio (y al de ellos); escribe: «En lo que concierne a la relación con los editores, reina en cierto sentido una inseguridad casi epidémica, patológica, enfermiza. Uno, por ejemplo, envía a un editor, es decir a una persona que en principio presume de tal, un lote de manuscritos, y él deja de dar noticias. Uno tiene la impresión de que todas las direcciones imaginables encierran trampas para ratones o para lobos, es decir grupos de interesados que solo intentan engatusarte para vengarse de algo».

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En otra carta dirigida al también editor Walter Muschg, vuelve sobre el tema, protesta: «Estimado doctor, me he enterado de la existencia de uno o varios trucos provocativos que se utilizan conmigo con fruición, por ejemplo, aceptar uno o varios trabajos míos, pero no publicarlos, es decir, dar a entender al autor que es bueno ejercitar la paciencia».

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En La última composición en prosa exagera la nota, da brillo a la sátira, fija posiciones, se ubica y determina su eslabón en la cadena de producción editorial: «Una vez me comunicaron: sus piezas en prosa se han extraviado en medio del tumulto y la confusión. No lo tome a mal y envíenos algo nuevo. Nosotros volveremos a perderlo para que usted pueda volver a remitirnos algo nuevo. Sea muy laborioso. Reprima cualquier descontento innecesario. Al menos usted nos da pena».

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¿Cómo conjurar el fracaso, qué conjura el rechazo? ¿Cómo lidiar con esas voces que oye todo el tiempo en su cabeza, que se burlan de él a cualquier hora? Resistir será escribir en su frente solitario, sin pausa, construyendo su propio mundo de encubierta desdicha. Será escribir pequeñas piezas –como él las llama–, moviéndose de una ciudad a otra, caminando sin destino, escondido, esperando que lo encuentren.

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Konsul Hauschild, el editor de Zúrich, responde y anuncia su visita. El día acordado sube las quejumbrosas escaleras de madera que conducen a la buhardilla del escritor. Hace una pausa en el rellano, respira hondo, mira su reloj y continúa. Puntual llama a la puerta señalada (espera), y se sobresalta frente al pálido hombre en mangas de camisa que ha salido a recibirlo, que le extiende su diestra y le dice ser el mayordomo, el señor Cäsar, el mismo que le ha enviado la carta a nombre del escritor.

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Cäsar pide un momento, le dice al editor que el señor Walser lo espera, él irá a anunciarlo, intenta una leve inclinación a modo de reverencia y cierra precipitadamente la puerta. El editor espera, uno, dos, tres segundos… la puerta se abre nuevamente y el mismo hombre     –¡no hay lugar a dudas! –, ahora con chaqueta y aires de señor, se presenta frente a él como Robert Walser, el escritor, dispuesto a iniciar la reunión.

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El editor –cansado por el viaje y la escalera que ha subido–, desconcertado por lo que acaba de presenciar, guarda silencio y con evidente incomodidad escucha el monólogo de tan extravagante escritor, que reprocha a Thomas Mann la extensión de sus obras y el haber pasado a las filas de los funcionarios de la escritura, y que deriva en una perorata sobre el tamaño de la tipografía, los tipos de papel y sus elevados honorarios. El editor concluye que es el momento de dar media vuelta, bajar la escalera sin detenerse ni un segundo y regresar a Zúrich.

 

 

Felipe Reyes. De Un reflejo en el agua movido por el viento. Encuentros y desencuentros literarios. (Lumen, 2019)