El presentimiento de la sociedad naciente
Crónica

Nuestro salvajismo se distingue de los siglos anteriores
en que matamos casi exclusivamente
para probar alguna teoría de la historia.

Charles Simic

 

La insurrección de octubre en Chile es el punto cero de la política del país en que las grandes mayorías han comenzado a carcomer al poder. Es el momento destituyente. Un ataque constante, un asedio al poder en todas sus formas; económico, eclesiástico, político, institucional, simbólico, cultural, policial, militar, transnacional. Y en ese último, es donde se define la crisis planetaria de un modelo social de mercado visto como ejemplo a seguir en toda la región y el mundo. Modelo instaurado en dictadura, con una constitución ideológica, no representativa, que ha demostrado en la práctica el constante aumento en la brecha entre ricos y pobres, mediante una sistemática privatización de los derechos básico.

Las sociedades semejan el movimiento de un péndulo, luego de un profundo adormecimiento viene el despertar.

Chile estaba en el ojo del huracán, todo parecía turbulento a su alrededor, ahora Chile hace borde con la contingencia, expresada en un inmenso estallido social, bajo la consigna de evasión, comienzan a activarse todos los sentidos que esa palabra contiene, en su aspecto denunciativo: la constante evasión de impuestos, evasión de derechos básicos fundamentales, evasión de la clase política respecto a la realidad que subsume al país, evasión del reconocimiento de libre determinación de los pueblos, la medicación, la precarización de la salud pública, la evasión desde la nación hacia la transnación, que prepara la venta de su soberanía a través del Tratado-Transpacífico TTP-11. Fin último de la globalización del capital.

La evasión como propuesta de desobediencia civil, toma la forma de insurrección, tras el primer salto a los torniquetes del metro, comienza la demolición de una sociedad ajena al bienestar de las grandes mayorías. Una máquina de moler carne que continúa con el histórico peso de la noche portaliano, en que la severidad de las instituciones vela por sostener una normalidad cuotidiana. Pero a esa normalidad no es posible retornar, después de las muertes, torturas y violaciones a los derechos humanos que asedian hace dos semanas el territorio nacional.

Todo el abanico de la clase política quiere cooperar entre sí para la normalización de las cosas. Evasión nuevamente de la realidad, que no solo está gritando “!renucia piñera!” sino que renuncie toda la clase política, que se vayan todos, por que son todos cómplices de la destrucción del sentido de la comunidad, por la perpetuación de un sistema social de mercado que agudizó la inmunización de los individuos entre sí.

“No era depresión, era capitalismo”, gritan los muros.

El organismo capaz de restaurar los lazos perdidos es el propio pueblo despierto. El cual rechaza a los antiguos conductores de pueblos, líderes de todo color, a toda bandera posible. Se manifiesta en su absoluta negatividad como principio destituyente y opera todo su contrapoder ante aquello que le oprime. La forma del presente es la corrosión del antiguo régimen social. La negación de la política institucional o democracia representativa, hace que ésta adopte su rostro auténtico, autoritario, dictatorial. El retorno del fantasma pinochetista no es lo único que retorna sino también el fantasma de una soberanía política secuestrada. Ahí la lógica de la abstención ante las votaciones es coherente con la búsqueda de restituir el poder soberano mediante una democracia directa, no mediada. Se levanta en el presente toda la memoria que se ha intentado enterrar en los monumentos. Caen los símbolos de una sociedad construida sobre la negación de la identidad mestiza. Enlazando directamente con la lucha ancestral del wallmapu.

El poder busca poner bajo control al pueblo insurrecto mediante sus viejas tácticas de amedrentamiento a las organizaciones sociales. Han comenzado a secuestrar dirigentes estudiantiles, ecologistas y activistas. Pero con ello no logran dar con un blanco que desarticule el poder de la movilización por que el poder de convocatoria no está en ellos. El pueblo se autoconvoca, se autorganiza, se solidariza y autoprotege. Se intentará dar con grupos radicales que promuevan erigir sociedades horizontales, a quienes hostigarán e interrogarán, pero tampoco encontrarán a nadie.

Tras siglos el movimiento subterráneo que se ha gestado irrumpe de improviso en la superficie. Hay un antes y un después para la sociedad. La revuelta continuará hasta que el peso de la noche sea degradado por la tierra y surjan de las cenizas nuevos brotes. Resta que la sociedad proclame todo lo que no desea para comenzar a erigir lo que desea. Hasta que el presentimiento de la sociedad naciente se vuelva presente.

Valparaíso, 31 de octubre 2019