EL ORDEN QUE SE MANTIENE A TODA COSTA
Actores secundarios

Lunes 28 de abril de 1983, en los salones del Palacio La Moneda, el presidente de la comisión de fútbol de la Universidad de Chile hace ingreso junto a Luis Santibáñez. A las 11:45 hrs., el entrenador firma del contrato luego de despedir a Fernando Riera. El camarín está dividido entre la estrella del equipo, asociada al régimen, y los demás futbolistas que apoyan al anterior entrenador. La historia coincide con los tonos ocres de los diarios de la época.

Lucho Santibáñez, el gordo que nunca jugó a la pelota, técnico ratón y defensivo, venía precedido de triunfos donde los jugadores se drogaban para subir su nivel. Mañoso, como muchos entrenadores de la época, Santibáñez sabía exactamente cómo planificar astutamente un partido y dañar al enemigo. No era el único; en el río de la plata se cuentan historias peores. Todo estaba autorizado en las dictaduras del cono sur con tal de dar un triunfo a la patria o al club respectivo. La viveza criolla, se dice.

Pero el mundial del 82 marcó profundamente a esa generación chilena. Pasar de una selección invicta en las eliminatorias al último lugar del grupo en la primera ronda, después de haber prometido la repetición de la hazaña del mundial del 62 —justo veinte años atrás— trajo sus consecuencias: no pudo evadirse la crisis económica ni las huelgas contra el régimen. Nunca se ha sabido exactamente cómo Lucho Santibáñez, oscuro síntoma de las transformaciones sociales de la dictadura, llegó a ser entrenador.

El 28 de abril de 1983 comenzó la caída libre de la Universidad de Chile hasta que, a fines de los ochenta, bajó a segunda.

En abril de 1972, la hermosa revista Tebaida dirigida por Alicia Galaz, publica “El orden que se mantiene a toda costa”. El poema habla de la figura de la madre como establecimiento de las normas y la exclusión de lo desconocido. Pero no solo es una figura literaria: refiere a la madre de una persona querida cuya imagen se parece al gobierno de Nixon. El orden de la casa es similar al orden violento del mundo; las normas hogareñas son “culpables del fresco napalm/ que cae aquí, en mi sentimiento, y en la aldea vietnamita”. La madre tiene un retrato de Nixon en su dormitorio, así como el poeta debe haber tenido —suponemos— uno del Che. Las banderas flameantes del Estado, con sus falsas imágenes, imponen los barrotes de lo que vendrá. Santibáñez anuncia, sin saberlo, el golpe de estado y el empleo del patriotismo como arma de exterminio. Visto desde hoy, el poema es un testimonio de época y también un anuncio. Desde los primeros versos el asunto es claro: la guerra y la violencia como forma de sometimiento. El mensaje de los medios de comunicación consiste en que el orden mundial necesita de un guardián para proteger a los indefensos, mantener sus casas y vidas sin heridas. El breve poema es al mismo tiempo un diagnóstico y una premonición de las posturas de mundo en conflicto; violencia y horror que empezó a desplegarse muy pronto.

Ariel Santibáñez fue el poeta desaparecido de su generación. Un poeta que tuvo desde joven, como Gonzalo Millán o Jorge Teillier, un registro singular, una sugerente forma poética combinada con el compromiso político. En la edición de mayo de 1971, Tebaida publica una entrevista de Santibáñez a Guillermo Deisler, describiéndolo en su labor de editor, grabador y escritor. Ensalza la primera parte del trabajo del poeta visual de los años sesenta al crear la editorial Mimbre —gracias a un crédito del Banco del Estado con el cual compró una prensa tarjetera— y publica un libro de Waldo Rojas. La conjunción entre el grabado y la poesía propicia la fabulosa plasticidad de este artista que con escasos medios articula una poética material de las imágenes y las palabras.

En esos mismos años, Deisler publicará desde el norte de Chile la antología Poesía visiva en el mundo, montando a la vez exposiciones en galerías universitarias de Antofagasta, Valparaíso y Valdivia. “Si realmente se desea ser revolucionario hay que revolucionar los medios de expresión”, señalaba Deisler en la entrevista. Cumpliendo con este objetivo, publica a un conjunto de poetas donde desarrolla la combinación del trabajo con las materialidades, la visualidad y las propuestas colectivas. Xilografiar el mundo y el libro como unidad artesanal; así caracteriza Santibáñez la relación de Deisler entre texto e imagen visual, destacando la función del poeta en una época que cruza diversos lenguajes. En toda la conversación se nota la preocupación por darle un sentido social a la poesía; la revisión crítica de los discursos dominantes (como en Poemas visivos y otras proposiciones a realizar de 1972) y materializar una práctica transformadora de la vida a través de la poesía y las artes conectadas entre sí.

13 de noviembre de 1974. Ingrid Santibáñez y Gladys Rojas Segovia quedarán unidas por una memoria del duelo. Ariel Danton Santibáñez Estay, casado, ex estudiante de la Universidad del Norte, profesor de castellano, militante del MIR, es detenido por la DINA en lugar y circunstancias que se ignoran, siendo visto después de su arresto en Villa Grimaldi. En los respectivos testimonios de Gladys Rojas Segovia y de Ingrid de Lourdes Santibáñez Estay, cónyuge y hermana de la víctima respectivamente, se da cuenta que el día llegaron al domicilio ubicado en calle Sierra Bella N°1963 de la capital -perteneciente a un pariente del afectado- dos hombres y una mujer, todos de civil, movilizados en una camioneta roja con un círculo azul en la puerta, en la cual había un cuarto sujeto que hacía de chofer. En el inmueble se encontraban presentes ambas testigos. Los sujetos dijeron ser funcionarios del S.I.M. y uno de ellos mostró una tarjeta de color verde clara plastificada que parecía ser una credencial. Allanaron la casa e interrogaron a sus moradores acerca de Ariel Santibáñez, refiriéndose a él en forma grosera y señalando que lo tenían detenido desde la fecha individualizada. Luego, Gladys Rojas e Ingrid Santibáñez fueron conminados a subir a la camioneta y las trasladaron al domicilio de la víctima. Allanaron completamente todo el inmueble y en el patio desarmaron dos cajones de té indicando uno de los civiles que allí había una pista según lo dicho por Ariel Danton. Al no encontrar nada, uno de los hombres salió a llamar por teléfono para preguntarle al afectado que dónde estaba lo que él había dicho, agregando que había que «apretarlo más». Al marcharse los civiles, el más alto de ellos, manifestó a Gladys Rojas que sentía mucho haberlo detenido, pues él lo conocía personalmente como igualmente conocía a otros familiares suyos. La mujer era morena, baja, usaba lentes y vestía pantalones café, polera de cuello subido color verde y chomba negra; de alrededor de 21 años de edad. El chofer era gordo, bajo, con melena, moreno. De los dos sujetos que allanaron la vivienda, uno era alto, macizo, tez clara, de unos 32 años y el otro era bajo, delgado, pelo liso negro, de unos 27 años de edad.

            Ingrid Santibáñez, agrega en su testimonio que el último de los agentes descritos, el 22 de diciembre de 1974 llegó a su domicilio indicándole que traía noticias de su hermano, que eso lo hacía porque a ella la ubicaba desde Antofagasta y que la había conocido por intermedio del Teniente de Ejército Sergio Acevedo O’Ryan, quien era amigo de ella -lo que es efectivo-. Le dijo que su hermano estaba bien, que se había portado muy hombre, que no había delatado a nadie, echándose toda la culpa; que no le podía decir dónde estaba, sólo que era un recinto militar y que estaría bien. Dijo llamarse Patricio o Fernando, le añadió que su hermano le había solicitado que la sacara a pasear y la invitó a salir al centro de la ciudad, invitación que aceptó pensando obtener información acerca del paradero de su hermano. Sin embargo, el agente nada le dijo y por el contrario, el trataba de saber cosas de Ariel, preguntándole por intervalos de tiempo, detalles sobre su vida, quiénes eran sus amigos, vinculaciones políticas, etc. Desde ese día no ha vuelto a tener contacto con ese individuo.

Cabe hacer notar que Ariel Santibáñez Estay, fue detenido por primera vez en noviembre de 1973 en la ciudad de Antofagasta, permaneciendo recluido 3 días en el Cuartel de Investigaciones de la ciudad, en donde fue violentamente interrogado con golpes y aplicación de corriente eléctrica en todo el cuerpo, principalmente en los testículos y uñas. Una vez en libertad, encontrándose en casa de sus padres reponiéndose de las torturas, lo fueron a detener los mismos detectives aprehensores de la vez anterior, pero esta vez, con la ayuda de sus vecinos, logró huir permaneciendo 3 meses oculto, para en definitiva viajar a Santiago. Poco antes de su aprehensión del 13 de noviembre de 1974, había comentado a su hermana Ingrid que se había topado con uno de los detectives aprehensores de Antofagasta y que incluso lo habían seguido en el interior de la FISA.

De la estadía de la víctima en Villa Grimaldi, da cuenta el testimonio de don Iván García Guzmán, quien fue detenido por la DINA el 20 de noviembre de 1974 y trasladado a ese recinto. El testigo señala haber estado en una pieza con varios prisioneros, entre ellos Ariel Santibáñez, quien era una persona maciza, a la cual se le interrogaba mucho acerca de un dinero. Su familia realizó numerosas diligencias con el fin de dar con su paradero, pero todas ellas resultaron infructuosas y aún desconocen la suerte que corrió en manos de la DINA.

            Gladys Rojas Segovia, a raíz de estos sucesos, sufrió un shock nervioso que le causó la pérdida de su hijo en el tercer mes de embarazo.

Ariel Santibáñez, es el poeta doblemente desaparecido tanto en cuerpo como en el desconocimiento de su poesía. Luis Santibáñez, el entrenador de fútbol asociado al oscuro periodo de los ochenta. Ingrid Santibáñez, la hermana que cumple con la figura ancestral de las mujeres en duelo, las preservadoras de la memoria y el amor a los caídos. Y, por supuesto, Gladys, la esposa de Ariel, que pierde a su hijo en la persecución y el horror. ¿Quiénes son estos tres hermanos: Luis, Ingrid y Ariel? ¿Dónde está Gladys? ¿Quiénes eran estos vecinos que lograron proteger a Ariel por 3 meses ocultándolos?

La historia de la poesía aún no ha sido narrada: sus espacios soterrados y las reminiscencias en el presente. Para quienes se preguntan por el rol de la poesía, cuando en dictadura los libros fueron perseguidos y los testimonios convertidos en una cruz, Ariel Santibáñez es el ejemplo dual de la orden y el orden que se mantiene a toda costa, un cuerpo que habita los signos de la resistencia gráfica y su borradura.

Eduardo Hunter, por su parte, es el contraejemplo. No pueden ubicarse en el mismo párrafo.

No todo asoma en la superestructura de la literatura. Los espectros que han permanecido en el silencio siguen allí esperando por modular sus nombres.

Jorge Polanco Salinas

Tlalmanalco, 28/09/ 2018

(Texto comenzado a escribir el 11/09/2018)