Conversación con Juan Luis Martínez
Diálogos

La amistad entre Guadalupe Santa Cruz y Juan Luis Martínez supuso una influencia y retroalimentación mutua. Es apreciable en este diálogo, que según el libro Poemas del otro, fue grabado por un cineasta belga, la lectura atenta del trabajo del otro: La figura de la casa y el habitar en ambas obras.

 

JLM: Podemos empezar con la impostura, Lupe, de la conversación…Yo pensaba en estos instantes que en tu primer libro está más patente el tema de la casa, con el titulo, que en el segundo libro. En el segundo el referente es la ciudad, el espacio ya de la casa perdida.El primer título habla de Salir. Salir siempre implica salir de un espacio a otro. Me dio la impresión de salir de la casa.

GSC: Sí, ya hemos hablado de eso, Juan  Luis, que las casas de la infancia son el primer recorte en el espacio a través del cual uno mira el mundo.

JLM: De hecho, también uno la busca en el sueño, siempre.

GSC: Bueno, tu poema “La desaparición de una familia”, la familia entera que se pierde dentro de un espacio que ella va ordenando…

JLM: Lo que más me extraña con el tiempo en ese texto es que hay personajes: el personaje padre y los personajes hijos, los animales en la casa, incluso, pero la ausencia de la madre, sustituida por la casa, seguramente…

GSC: La casa como gran madre. Uno sólo puede perderse en la madre. Seguramente  los muros son el padre, pero la casa…recién leíste ese poema, ¿de quién era?

JLM: Era un poema de Hermann Broch:” En el centro de toda lejanía se alza tu casa, por eso cuídala. Esa lejanía, sin lugar a dudas, apunta a un lejano interior, al sí mismo, seguramente….

La casa está en uno, en el sí mismo. El arquetipo, por lo menos.

La familia tiene una relación estrecha con la casa, sin la casa no hay el grupo tampoco.

GSC: Y uno quiere corregir esas casas, yo al menos, escribo siempre para corregir, para construir casas, para decidir la forma que quiero darle.

JLM: Ahora, uno no elige tan voluntariamente esa casa. Uno encuentra casas. Es como un azar encontrar casas que son más propicias que otras, espacios más…

GSC: Hay casas que lo esperan a uno también.

JLM: Ciertamente.

GSC: Esta es una casa a la que me gusta mucho venir.

JLM: Esta casita, esta casa pequeña

GSC: No es tan pequeña. Uno entra y tiene la sensación de que es una gran casa, amplia abocanada, ancha.

JLM: Esa casa tuya actual, en Santiago, es muy hermosa, bella casa, antigua, nueva también. ¿cuál sería la relación -el hilo- que mantienes tú entre la casa y el libro? ¿Qué vinculo mantiene atada la casa con el libro?

GSC: Yo vivo en las casas, es decir, yo me presto a las casas.

JLM: La casa ahí tendría una función más clara, más específica. ¿Y el libro? ¿Cuál sería la función del libro en relación con la casa?

GSC: Yo pienso que en relación a la casa, más que habitarla, yo me amoldo a la casa, y todos mis esfuerzos por habitarla son otra manera de amoldarme a la casa, y no al revés. Mientras que el libro es la casa que yo construyo, para mí. Quizás todas las casas que yo he perdido las recupero en el libro.

JLM: Me da la impresión de que el hombre es como un caracol a veces, anda con la casa a cuestas, donde vaya. La casa es algo que lo acompaña permanentemente. Aunque sea invisible.

GSC: Pero es importante tocar algo, entonces yo pienso que el libro y la construcción en el libro es muy importante.

JLM: Ese afán, esa intención constructiva está también en la casa. El libro también tiene una arquitectura. Hay una semejanza entre el libro y la casa.

GSC: Es decir, uno no sabe cómo ni dónde ni en qué momento, pero uno entiende que está flaqueando en un ala o está siendo bien sujeto, o… el texto tiene como su ordenamiento, en pesos, en volumen… un equilibrio sobre pilares inexistentes.

JLM:  Sí..

GSC: Bueno, yo tengo vértigo. Quizás siento muy rápidamente cuando un texto no tiene soporte.

JLM: La casa tiene sentido también para mí, Lupe, en la medida que uno sale de ella y vuelve a ella. Si uno permaneciera siempre en la casa iría perdiendo el sentido, de la casa. Uno sabe de su casa cuando está lejos de ella. Se constituye más como un recuerdo que nada. Es cuando más valor tiene para uno, cuando se manifiesta la necesidad de volver a la casa.

GSC: Uno escribe textos sobre casas desplomadas, y pienso en la imagen de la portada de tu libro, la nueva novela.

JLM: Martín Cerda hablaba siempre de que parecía que ese libro hubiera sido hecho con escombros, de lenguaje, de libros, con restos. Ahí esas casas aluden también a nuestro paisaje, a nuestra catástrofe permanente chilena. Aunque es la situación de la literatura contemporánea también: Esta catástrofe del lenguaje, la desconfianza  en los lenguajes, incluso. Los soportes se perdieron, lo que era la imagen del mundo es muy poco sólida actualmente, es precaria. Hay una pérdida de la imagen del mundo. La casa, el derrumbe de la casa como espacio sagrado, podría venir a representar un símbolo.

GSC: Bueno, todo es posible, también cuando todo se ha derrumbado

JLM: Claro, yo creo que vivimos, justamente, el final de una época. En ese sentido uno está haciendo una literatura apocalíptica, está dando cuenta de una crisis final. No solo no hay confianza en la literatura, sino en ningún valor, casi, ya.

(aparecido en Poemas del otro, Ediciones UDP)