Cardador, de Natalia Rojas
Adelanto

No deja de interesar la comparación entre el oficio textil y la escritura. Las palabras, en las distancias más o menos largas entre ellas, dan paso a tomarlas por hebras, a tomarlas por material. Los poemas de Natalia Rojas prestan atención a la erótica de la textura, en su sentido de texto y de hilo. Porque en la escritura, en su hilvanar, «un espejismo flota en el deseo de hacer». Quien escribe se acerca y se aleja de su tejido, en esa intimidad de «cardo, mujer y mano.»

A continuación algunos poemas de «Cardador», por Editorial Aparte.

el paisaje inasible

abro la mano y sale una pregunta, abro la otra y aparece
gravitando el material. las dos manos se chocan en el
aplauso y los hilos rojos con los hilos negros buscan una
trenza donde erigir el paisaje. inasible se dibuja una forma:
un espejismo flota en el deseo de hacer

*

cuando escribo aquí, pienso en el escenario, en el hemisferio donde
ocurrió esto. la escena es un puzzle y las partes se miran desamparadas,
el trazo que las une son estos poemas anudados por un centro ceñido
de agua y fuego, así que la hablante, montarás, retraída observa todo,
a salvo del agua, a salvo del oxígeno, sin combustión ni letra. a ella,
la altura le dota una cuerda, de pronto entre sus manos, como el vacío
que hacen dos nombres frente a frente, alza esa cuerda y logra un nudo.
el nudo hondea y resplandece al viento. hay una palabra avivada entre
las flores secas. las palabras también son semillas que el pájaro caga,
cuando cagar es sembrar: el viento mueve la semilla y la semilla con el
tiempo es una flor con cara de árbol con mano de espina

 

*

 

el cardador transcribe en la fibra un mensaje con el gesto de
quitar. se aleja y luego rasca. cada vez que se aleja lee qué
debe eliminar de la fibra. de flor pasó a mano y de mano a
abismo. el abismo circunscribe el organismo de la mujer que
cardea. esta, ya envuelta en el abismo, adopta una postura
corporal que, otro elemento invisible y espacial, le ayuda
a entender desde la física. esa figura vacía que presiona lo
invisible junta sus entidades: cardo, mujer y mano.

las mujeres en el cardado se sientan o están de pie

ssssssses una herencia, un animal cundido en el vacío

 

la composición

una hebra es sustantivo de la siguiente, sintaxis enmarcada
por otra hebra libre de metafísica. fundamento geométrico.
camino y miro una piedra. desde mi pensamiento se
proyecta un vector hasta esta

ssssssssssel vector es un hilo

enmadeja los intrincados pastos secos de la altura hasta el
punto que, la sombra esparce diminutos triángulos de luz

el crepúsculo anuncia que el sol oscuro saldrá de las rocas

luego viene otra piedra y el vector desde su último espacio
de ubicación trasciende hasta esta sin abandonar la anterior

y así es como no solo se suman piedras, cuando amamos
estos vectores se proyectan hilados en fuego íntimo que
trina. cerramos los ojos y los colores emergen de la noche

ssssssssssla apacheta poliedra tiene su propia pátina y ritmo

por asalto este mecanismo parpadea, aparece la terna,
mente, corazón y manos. el tramo se confiere uniendo los
ejes, un vector con otro vector en la composición dialéctica
del acá hasta allá. todo vertical al aleteo del hueco, al nudo,
centro ceñido de agua y fuego