Años después
Sobre Floridor Pérez

AÑOS DESPUÉS[i]

Era la primera vez que conversaba con un escritor de aquellos que por entonces leía en el libro recomendado por  Fernando: Poesía chilena contemporánea,  antología elaborada por Miguel Arteche, Juan Antonio Massone y Roque Esteban Escarpa, publicado en una sencilla edición por Editorial Andres Bello. Yo apenas tenía 18 años y no sabía muy bien que hablar con el poeta. Entonces  tímidamente le mostré los poemas que después se convertirían en el libro El ojo del lagarto. Estábamos en Copiapó, año 2004 si mal no recuerdo, me dijo que siguiera trabajando y me recomendó un libro hermoso de Luis Oyarzún, que años después compré de segunda mano a un módico precio en su versión primera con ilustración de Mario Toral en portada, alla en Chile, en una feria de Santiago. Para cuando pude conseguir el libro que casi 10 años atrás el poeta me había recomendado, yo  aún trabajaba en esos poemas que alguna vez le mostré. El trabajo siempre está antes que la publicidad. De esto fui consciente mucho antes que de la literatura y la poesía. Son los aprendizajes que se arrastran como consecuencia del oficio familiar.

En esa visita también dijo que no existían escritores sin taller. A lo que reaccione discrepando como buen jovencito que hacía sus primeras  herramientas en esto de escribir. En el fondo albergaba la tristeza de no ver esa posibilidad en los horizontes que por entonces Copiapó ofrecía. Cuestión con la cual creo que aún se está al debe en la mineralógica comuna. La afirmación es durísima para un joven con tan extraña aspiración, en una ciudad donde ni si quiera había un cine y jugar pool y beber a la orilla de un río seco era toda la diversión posible para ese puñado de adolescentes desorientados que existen en todas partes y que parecieran multiplicarse en el desierto, para colmo la biblioteca regional estaba cerrando sus puertas a la hora que yo salía del colegio, era fácil reaccionar con resentimiento. En fin, por suerte él era un orgulloso profesor que sabía desde hace mucho lidiar con los ímpetus de la juventud. Era un viejo, pero un viejo que me escuchaba atento.

Al año siguiente entré a estudiar pedagogía en filosofía en Valparaíso y entre las materias que tuve que estudiar apareció un autor que proponía la necesidad de una ética que no remitiese únicamente a la relación entre humanos, sino que reflexionara respecto a nuestra forma de relacionarnos con el medio ambiente y nuestro ecosistema. Fue con Hans Jonas que leí por primera vez sobre una reflexión sistemática de contenido ecologista. Mientras estudiaba para ese curso de ética recordé entonces el título de aquel libro que alguna vez, bajo las parras de la casa de mis abuelos el viejo poeta me había recomendado. No estaba en la biblioteca de mi Universidad y aún no sucedía el afortunado encuentro que años después tuvo lugar en una feria de Chile en Santiago entre aquel maravilloso libro y yo.

Aburrido, solo registraba libros baratos y lo vi, lo encontré en su primera edición. Nunca he sido un fetichista de los libros, al punto que los subrayó y los marco sin escrúpulos, como si el gesto fuese garantía de memoria al momento de referenciarlos. Al fin podría leer ese libro que tanto quise leer y sin embargo llego a mi sin que lo buscase, este suceso fue como una epifanía, la voz del poeta volvía a hablarme, nunca me había emocionado tanto con un libro sin leerlo, mis expectativas eran muy altas y eso me asustaba porque siempre he pensado que las expectativas muy altas corroen la percepción de las cosas, sin embargo no pude apaciguar la emoción y cargado de ansiedad me abandone en sus páginas, donde se reveló la escritura sencilla, desprendida y a la vez comprometida de Luis Oyarzún para con la naturaleza. Solo entonces comprendí el mensaje que esa tarde primaveral del 2004 me entrego Floridor Pérez cuando recomendó con un tono de sigilosa complicidad.  Defensa de la tierra mientras los más viejos tomaban vino bajo las parras de mis abuelos.

Defensa de la tierra, un ensayo que sorprende no solo por la poesía que nutre y da raíz a la reflexión de fondo: el cuidado de la tierra desde un ethos del propio territorio, sino que a demás por lo avanzada de la preocupación que inspira a Oyarzún quien se anticipa incluso a las reflexiones del connotado filosofo alemán Hnas Jonas. Sencilles, desprendimiento y compromiso fue la recomendación del poeta Floridor Pérez en Defensa de la tierra Donde crecimos y hoy tu cuerpo descansa.

 

 

[i] Años después y Donde crecimos fueron los primeros poemas que leí de Floridor Perez, son dos de los 3 poemas que aparecen en la mencionada antología.