Andamiajes de un ojo extrañado
Fatiga de material

A partir de La Telenovela Errante (2017) de Raúl Ruiz y Valeria Sarmiento.

En relación a Exote de Pablo Martínez.

 

 

la realidad chilena ya no existe,

más bien es un conjunto de teleseries.

Raúl Ruiz

 

Exote es el nombre del film tras escena de La Telenovela Errante acontecida el año 1990 en Santiago de Chile. Exote nombra aquel extrañamiento que sucede al viajero que vuelve a su patria, en que la mirada familiar del territorio se hunde en una dislocación, mirada oblicua, mirada atrapada en su extranjería. Mirada que no se podrá recuperar a su condición forastera, condición potencial de un imaginario esquizo, transgresor y transestético.

Pablo Martínez, estudiante el año 90, ingresa con una pequeña cámara a filmar la filmación de La Telenovela Errante. Ruiz se lo permite, como una excepción poco habitual en él, se deja filmar el ojo, permite la exhibición de los andamios de su propia mirada. El tras escena exhibe los medios de producción de la escena. Delirio surreal y velocidad, la talla misma del afilado andar ruiziano. Historias paralelas, intertextualidad. Los personajes pasan de un lado al otro de los espejos, de la realidad a la ficción. En Exote se hacen evidentes los cruces posibles al erigirse el microclima poético dionisiaco que orbita en torno al ojo mecánico ruiziano.

O de la escenificación teatral al cine, máquina de montajes, flujos y cortes constantes del encuadre, de la narrativa, de la poética ruiziana. Relación de transferencia de los actores; de entre ellos Luis Alarcón, Patricia Rivadeneira, Francisco Reyes, Maricarmen Arrigorriaga y Liliana García, actores de tablas, preparados para una presentación frontal ante el espectador, son captador por el ojo mecánico, reproducidos en la elección del perfil, del corte, de la repetición. Ahí es donde la mixtura de Exote y La Telenovela Errante, se vuelve sugerente; posibilidad de apreciar la transferencia transestética de un clima poético fuera de la cámara, o teatralidad dionisica necesaria, previa y paralela a la filmación, momento inrfraestrutural de disfrute y distención.

Cuatro historias trenzadas, o bloques audiovisuales narrativos, se conectan desde las pantallas de televisor en que los personajes ven pasar sus vidas. Teleseries como cortes a una tectónica de clases, cortes transversales a la ideología chilena, a su sociedad. Los personajes encerrados en sus teleseries observan las teleseries paralelas y las comentan, se burlan de las peripecias o dramas ajenos, se interpelan, sufren e intrigan en una puesta en abismo de autoreferencialidad. Túneles torrentes de narración conectados por máquinas tevé. Deseos desplegados en un cruce múltiple de tramas, veladuras ficcionales, fantasmagorías o indicios de realidad, identidad patria, algo así como una característica de la chilenidad, si algo así existe, Ruiz da con la talla.

 

Esa extraña forma en que hablamos los chilenos

El diálogo se sostiene a partir de una inflexión del lenguaje plegándose sobre sí. El pliegue de la textura verbal, el repliegue del sentido, la bifurcación de los caudales. Fricción constante de frases deshilachadas. Diálogos dramáticos que se interrumpen de un plumazo humorístico. El chileno derriba una conversación sostenida con un chiste que invalida todo lo anterior y lo renueva. A veces también Ruiz exagera, cifra de exultante carácter; evoca imágenes de varios personajes hablando entre sí, cosas diversas, distantes, ausentando el oído, nuevos repliegues, el oído se retrae y amplifica la voz, la lengua empalagada se traga el lenguaje.

 

Chile como un conjunto de teleseries.

El género narrativo de la teleserie televisada (visadas por la matriz del hiperespectáculo global, desdoblamiento de la vida en su simulacro), se pone entre paréntesis haciéndole aparecer como artificio mediante la parodia y el montaje cinematográfico. Búsqueda expansiva experimental en la que las más de ciento veinte cintas fílmicas de Ruiz se entregan a explorar. Película a su vez inconclusa y desaparecida; reencontrada 20 años después una copia en un archivo de la Universidad de Duke, que Valeria Sarmiento culminó para ser estrenada el 2017. Mirada aún más extrañada por su desfase temporal, anacronismo de la imagen. Y por el corte final de Sarmiento, no sabremos que forma tendría de haber sido montada por Ruiz.

En palabras del propio Ruiz la película “se estructura en base a la presunción: la realidad chilena no existe, más bien es un conjunto de teleseries. Son cuatro provincias audiovisuales y se respira la guerra entre los bandos. Los problemas políticos y económicos están disueltos en una jalea ficcional dividida en capítulos vespertinos. Toda la realidad chilena está tratada desde el punto de vista de la Telenovela y cumple la función de filtro revelador de esta misma realidad.”

Lo que hay es una poética a contrapelo de la linealidad, del esquema aristotélico clásico, es un abrir la estructura, en ese intento la estructura abre paso a una poética prismática. La potencia política del arte se despliega desde su propio territorio y circunstancia. Ruiz se burla de la mirada convencional y con ese gesto la expande. Proceso de maleabilidad de la mirada que desnaturaliza las formas de ver, en ese sentido, la película es un artefacto transgresor de las estructuras del género convencional, haciéndole difícil calibrar una mirada naturalizada a quien la halla visto. Al volver sobre una teleserie corriente, no podemos desprendernos del impacto de extrañamiento que nos acompaña. Quedamos en situación de exotes perennes, los andamios quedan expuestos.