3 sections
Traducción

Vijay Seshadri nació en Bangalore, India, y llegó a Estados Unidos siendo todavía un niño. Es autor de Wild Kingdon, The Long Meadow, ganador del premio James Laughlin de la American Academy of Poets; y de The Disappearances, como también de muchos ensayos, reseñas y fragmentos de lo que en inglés se llama memoir. Actualmente es profesor de Escritura en el Sarah Lawrence College y vive en Brooklyn, Nueva York. Todos los poemas aquí presentados son parte del libro 3 Sections, ganador del Pulitzer el 2014.


 

 

 

Número imaginario

 

La montaña que quede cuando el universo sea destruido

no será grande ni chica.

Grande y chico 

 

son categorías comparativas, ¿y a qué

podrá compararse la montaña que quede cuando el universo

sea destruido?

 

La conciencia observa y es apaciguada.

El alma se retuerce a través del detritus.

El alma,

 

como la raíz cuadrada de menos 1,

es una imposibilidad que tiene sus usos.

 

 

 

Relectura

 

¿Recuerdas la familia que vivía en el bote

encallado y volcado

junto a las dunas cremosas donde anidan los chorlitos?

El mar, el sol, las tormentas y el firmamento

mantuvieron sus mentes ocupadas.

David Copperfield iba y venía,

y su simpatía por él era tal

que le tenían casi tanta pena 

como él tenía de sí. Pero su historia

no es como la clásica

en que vuelves a mí y 

levantas mis ojos dañados hacia el sol

y acaricias mi mano yerta

y te casas conmigo, distorsionado como soy.

Él estaba destinado a desmantelar sus vidas,

David Copperfield, con sus

amigos traidores y sus esposas insípidas,

su posición bien calculada

en las Leyes del Maíz y la constitución.

Ellos eran quietud y

él era puro movimiento.

Vivían en un bote volcado en la orilla,

pero él era de los que no podía entender

que la tierra no era sólo tierra

ni el océano, océano. 

 

 

 

Memorias

 

En alguna parte Orwell dice que nadie escribe la verdadera historia de su vida.

La verdadera historia de una vida es la historia de sus humillaciones.

Si ahora escribiera esta historia –

radioactiva hasta el fin de los tiempos –

les juro que se les caerían los ojos, no podrían sacarse

los guantes lo suficientmente rápido

de las manos chamuscadas por las tormentas de fuego de tal vergüenza.

Sus pobres manos. Sus pobres ojos 

al verme llorando en mi pieza

o aburriendo hasta la muerte a la rubia alta.

Una vez acusé al inocente.

Una vez reverencié y recé al culpable.

Todavía me averguenza lo que le dije una vez a la viuda devastada.

Y una tarde de octubre, debajo de un algarrobo

cuyas vainas ennegrecidas caían y hacían

patrones iluminados en el camino,

fui poseído por la alegría,

y alguien me vio allí,

y eso fue lo peor de todo,

lacerándome e inolvidable.

 

 

 

 

 

El sueño que no tuve

 

Desperté en la mesa de autopsia de acero inoxidable.

Un peso encima del pecho.

Fluidos corporales mancharon mi bata de papel.

Aunque mis signos vitales eran

 

estables. De hecho, eran decisivos–

un número cerrado y una simple línea.

El paco le dio al forense un formulario para firmar,

pero permaneció indeciso sobre mí,

 

murmurándose,

“Tiene que haber sido un sueño, ¿o fue una visión?”

Sentí cuan largo soy su incisión ribereña.

Afuera estaba Chicago–

 

ciudad de los museos de clase mundial,

bella arquitectura, maravillosos trenes elevados

se alzaban de las planicies

junto al lago imposiblemente plano.

 

 

 

Infierno

 

Tienes que haber estado tan loco como Dante para bajar a esos,

los odios infernales.

Dispárales. Dispárales donde viven

y huye del pueblo.

 

O quédate y rediseña

el decrépito aparato social

para destilar el elixir del miedo

que resiste 200 grados

 

y tortura el… ¿el qué

de qué? ¿Y acaso no te prometí,

bajo amenaza de autoentubación,

no imaginar este pasillo,

 

de un negro carbón-alquitrán,

que se estrecha hacia abajo y adentro,

en un ataque de claustrofobia devastador

antes de abrirse 

 

hacia el lago de mierda congelada

donde se distingue una figura repugnante?

Date la vuelta, vete a casa.

Con solo mirarlo te vuelves eso.

 

 

 

Purgatorio, la película

 

Él estaba crónicamente sin trabajo, por qué no sabemos.

Ella era la segunda en nacer de un par

de gemelos idénticos separados al nacer. Se conocieron,

conectaron, y se fueron a vivir con la madre de ella,

que administraba un motel en Skyline Drive.

Pero siempre era el otro,

el mayor, el mal gemelo, el fugitivo,

él imaginó a la sombra

del letrero de “Hay lugar”

o mirando por la ventana

debajo de la gotera de la canaleta

mientras hacían el amor o dormían.

El cuerpo está relajado y descansa,

la mente está relajada en su nido,

así el yo, que es y no es,

él mismo se levanta y se va

a echar un vistazo al horizonte, donde ve

todas sus posibilidades psicokinéticas

resolviéndose en ficciones bien hechas.

Ella era valiente, amable, apoyaba.

Ella era mala. Ella estaba fuera de sí.

Era una angurri que culiaba por un pinchazo,

una jefa ejecutiva, una aviadora.

Ella era un ángel

para los ciegos y los pobres,

la nada-menos-que-correcta, la indigna.

Y aún así era un fracaso.

Se fue a LA para hacerla en grande

y se arrastró de vuelta a casa, herida y avergonzada.

 

 

 

Dibujo botánico ténica mixta

 

Flor retorcida, floja,

orquídeas lascivas,

los pétalos del tulipán tan saturados de morado

que se ven negros,

 

el girasol ah-cansado-del-tiempo

enloquecido por vivir como una maleza

junto al brote de los rieles,

violetas, peonías–

 

¿por qué ellos? ¿Por qué ellos en vez

de nada? Bueno, ¿a quién le importa?

Sólo cuenta el sentimiento que despiertan.

Podría ser amor,

 

podría no serlo. La rosa injertada sangra

un líquido claro en las partes suturadas.

Es una cara, sólo una cara,

en medio de todas las caras. 

 

 

 

Cielo

 

Hay sequía en la montaña.

El fuego incontrolable pela los cerros.

Así los mamíferos gatean hacia riachuelos secos

en busca de alguna fuente,

 

la que encuentran, créanlo o no,

o casi la encuentran. Un chorrito plateado

surge de un río subterráneo

y hace que algunas de las rocas

 

calientes echen vapor y los guijarros silben.

Pronto beberá el mamífero,

pero primero tiene que

detenerse y pensar,

su pensamiento impecable, reflexivo:

que el pensamiento llegue a esto:

misterio, añoranza, sed.

 

 

 

 

Nuevos medios

 

Por qué quise escapar a la experiencia no es asunto de nadie sino mío,

pero siempre creí que podría si podía

 

poner mi experiencia en palabras.

Ahora lo sé bien.

Ahora sé que las palabras son la experiencia.

 

“Pero ah me mata el pensamiento de que no soy un pensamiento”

“2 personas buscadas por ti”

“En el comienzo fue la…”

“re: Miss Mundo Exótico”

“Quiero que Hagamos la Transacción”

 

No es la cosa,

no hay cosa,

no hay cosa en sí misma,

no hay nada salvo lo dicho sobre la cosa,

no hay cosas sino palabras

 

sobre las cosas

dichas una y otra vez,

que se posan, acicalando sus alas,

en las líneas del tema.

 

 

 

 

 

Elegía

 

Me pidieron que te instruya sobre el pueblo al que has ido,

donde nunca he estado.

Vale la pena ir a ver la catedral,

pero las calles son estrechas, disparejas, un poco oscuras.

El río es flojo en el verano y barroso en primavera.

El negocio de las cabañas está obsoleto.

El número de la población es uno.

 

El número de la población es un fugitivo

que se desliza en las sombras y aparece en el campanario.

Sus platos a medio comer están fríos en las mesas de los café.

Su hoja con ecuaciones por resolver sopla entre adoquines.

Su muerte fue tan injusta que no puede perdonarse.

Espera a que su vida lo pase a buscar.

 

Él eres tú y tú y tú.

Lo vas a mirar para tu expiación,

lo enfrentarás en la puerta giratoria, te sentarás con él en la plaza

y calmarás sus miedos y simpatizarás con su historia

y lo acostumbrarás al sol apabullante

hasta que su muerte sea tu muerte.

Le devolverás uno a uno los minutos que le fueron confiscados.

 

 

 

Otro escándalo más

 

Todo está corrompido, por supuesto que sí.

El camuflaje sólo confirma el patrón inmutable.

El chico de la periferia,

acariciado por su plasticidad y su poder de abstracción,

es atraído más y más profundamente, ya sea a Wall Street,

almacenado en altos edificios, o a

los aburridos capitolios del estado:

Dover, Tallahassee, Pierre.

Incluso él se ve deslumbrado por el retorno milagroso de la plata. 

Aunque, lo que él hace, no lo hace por plata

(lo que sería sano) sino que 

claro, claro, claro, claro

que lo hace por amor, por el amor

que sus predigitaciones generan

(lo que no es sano).

De allí que esté ahogado en la espiral

del enorme esquema Ponzi de su ser,

y, además, su hijo lo rehúye

impactado y abandonado.

Lo que me alegra haber dejado

que la investigación proceda de manera oportuna.

Abrí al escrutinio mis cuentas de paraíso fiscal.

Entregué a mi esposa.

Cuando los abogados de la Tesorería vinieron a mi casa

a leer atentamente mis diccionarios,

les preparé café y escuché sus problemas.

 


Sebastián Gómez Matus (Osorno, 1987), poeta y traductor.